MARIANA
Corté la llamada y bajé lentamente el teléfono. La pantalla quedó negra entre mis manos.
Valentina.
Mi mamá.
Mi casa.
Todo estaba allá afuera mientras yo estaba encerrada en una habitación de un palacio en Dubái con el hombre que había detenido un avión para traerme de regreso.
Giré despacio.
Zayed seguía donde estaba. De pie junto a la puerta, con esa calma irritante que parecía venir instalada de fábrica.
Lo señalé.
—¿Está loco?
No respondió.
Eso me molestó más.
—¿Detuvo un avión? ¿En serio detuvo un avión? ¿Quién hace eso?
—Yo —respondió tranquilo.
Lo miré incrédula.
—¡Eso no es normal!
—Tampoco lo es escapar.
Abrí la boca.
La cerré.
Volví a abrirla.
—¿Escapar? ¿Escapar? ¡Yo estaba regresando a mi país!
—Sin dar una respuesta.
—¡Porque la respuesta era NO!
Mi voz rebotó en las paredes de la habitación.
Él no cambió ni un músculo.
Dios mío, este hombre tenía menos expresiones que una estatua. No podía creer que ese hombre me había robado el aliento un par de noches atrás, me hizo sentir cosas que ni siquiera sabía que podía sentir, pero su actitud era totalmente fría.
Caminé hasta la puerta.
—Me voy.
La abrí.
Dos guardias estaban afuera.
Cerré.
Respiré.
Volví a abrir.
Seguían ahí.
Lo miré lentamente.
—¿Me encerró?
—No.
—Hay dos hombres armados afuera.
—Por seguridad.
—¿Mi seguridad o la suya?
No respondió
Tomé aire y caminé hacia el sofá.
—Escuche algo, señor jeque secuestrador de aeropuertos. Yo no puedo casarme con usted.
Él levantó apenas la vista.
—¿Por qué?
Solté una risa incrédula.
—Porque ya estuve casada una vez y salió horrible. Porque tengo una hija. Porque tengo una vida. Porque soy una mujer divorciada de treinta y dos años y usted ni siquiera me conoce.
Silencio.
Después habló.
—Mariana Ríos. Treinta y dos años. Organizadora internacional de eventos. Divorciada hace dos años. Madre de Valentina Ríos, cuatro años. Ex esposo: Rodrigo Herrera. Vive con su madre, Carmen Ríos, en México cuando no está viajando por trabajo.
Mi cuerpo se quedó quieto.
Él continuó.
—Empresa propia. Diez empleados fijos. Deuda empresarial durante los primeros años. Recuperación financiera hace tres años. Su padre falleció cuando era adolescente.
El aire desapareció de mis pulmones.
—¿Qué…?
—Antes de contratarla, Hassan investigó a todo el equipo.
Lo miré.
No.
No estaba hablando en serio.
—¿Me investigó?
—Investigué a la organizadora responsable del evento más importante de mi familia.

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