ZAYED
—Lo tengo. —Khalid entró a mi oficina con una carpeta y por primera vez en semanas, una sonrisa—. Encontré la salida. Es arriesgada, pero es limpia. Y es legal.
—Habla.
—El pacto con los Bin Saqr tiene un punto débil. —Puso la carpeta sobre el escritorio y la abrió—. La cláusula dice que "al disolverse tu matrimonio con Mariana, contraerás matrimonio con Aaliyah". Pero no dice cuándo. No pone un plazo. Da por hecho que entre un matrimonio y el otro no habrá nada de por medio. —Me miró, con los ojos brillando—. Y ahí está el error de mi padre, Zayed. Ese es el hueco.
—No te sigo.
—Es simple. —Se inclinó sobre el escritorio—. El día que se disuelva tu contrato con Mariana, ese mismo día, a la misma hora, sin que pase ni un minuto de por medio, firmas un nuevo contrato de matrimonio. Otra vez con ella. Con Mariana. —Golpeó la carpeta—. Si ya estás casado de nuevo, legalmente, cuando venga la familia Bin Saqr a exigir que se cumpla la cláusula, no hay nada que exigir. No puedes casarte con Aaliyah porque ya tienes esposa. La cláusula se vuelve imposible de ejecutar. No la rompemos: la hacemos inaplicable.
Me quedé mirándolo.
—¿Eso… funciona?
—Funciona si somos más rápidos que sus abogados. —Asintió—. Ellos van a estar esperando el día de la disolución para caerte encima con el nuevo compromiso. Nosotros tenemos que firmar el matrimonio con Mariana antes de que ellos crucen la puerta. Cuestión de horas. De minutos, quizá. —Sacó unos documentos—. Yo preparo el contrato nuevo desde ahora. Lo dejo listo, redactado, esperando solo dos firmas y una fecha. El día que termine el actual, lo firmamos y quedas casado con ella de nuevo antes de que nadie se entere.
Por primera vez en semanas, sentí algo parecido a la esperanza.
Y se me apagó igual de rápido.
—Hay un problema. —Me pasé la mano por la cara—. Un problema enorme, Khalid.
—¿Cuál?
—Que ese contrato lo firman dos personas. —Lo miré—. Y una de ellas está encerrada en la casa de Omar Hamza, convencida de que la traicioné, y no quiere ni verme la cara.
—
Khalid se quedó callado.
Porque no había respuesta legal para eso. Ningún contrato del mundo sirve si la otra parte no quiere firmarlo.
—Fui a buscarla —dije, y me tembló la voz—. A la casa de Omar. Grité su nombre como un loco en la puerta. Me agarré a golpes con ese infeliz. Y ella no bajó, Khalid. No quiso verme. —Apreté los puños—. Tengo el plan perfecto para casarme con ella para siempre, para salvar a la empresa y quedarme con la mujer que amo… y no tengo la más mínima idea de cómo lograr que me escuche cinco minutos.
—Eso —Khalid recogió sus papeles, despacio— no lo resuelve un abogado.
—Ya lo sé.
—Yo me encargo del contrato. —Se detuvo en la puerta—. Va a estar listo, perfecto, blindado, esperando el día. Esa parte es mía y no va a fallar. —Me miró—. Pero la parte de que Mariana quiera firmarlo… esa es tuya, hermano. Y en esa no te puedo ayudar. —Suavizó la voz—. Suerte con ella. La vas a necesitar. Más que con los Bin Saqr.
Y salió, dejándome solo con una carpeta llena de esperanza y ni un camino para llegar a ella.
—
No llevaba ni cinco minutos solo cuando la puerta volvió a abrirse.
Hassan.

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