ZAYED
Escogí la suite 39 a propósito.
La misma del Hotel Al Sama. La misma habitación donde, hacía casi un año, entré sin saber que del otro lado de esa puerta estaba la mujer que me iba a partir la vida en dos. Donde empezó todo. Si Mariana iba a volver a mí esa noche, quería que fuera ahí. En el principio. Como si el mundo nos diera una segunda oportunidad de hacerlo bien.
Llevaba una hora caminando de un lado a otro de esa suite, con la mandíbula apretada y las manos cerradas.
Yo quería estar en el rescate. Quería ser yo el que cruzara el muro, el que tirara la puerta abajo, el que sacara a Omar Hamza a rastras y le hiciera pagar cada minuto que la tuvo encerrada. Pero Hassan no me dejó.
—Si te ven cerca de la casa de Omar, se acabó —me había dicho—. Eres la cara más famosa de Dubái. Un solo guardia que te reconozca y Omar sabe que fuimos nosotros, y la esconde donde no la encontremos nunca. Tú te quedas lejos, muchacho. El trabajo sucio lo hacemos los que nadie voltea a ver. Tú esperas.
Así que esperé, kilómetros lejos, con el teléfono en la mano.
Hasta que vibró.
Un solo mensaje de Hassan:
**"La tengo. Está a salvo. Vamos para allá."**
Solté el aire que llevaba una hora conteniendo. Leí esas palabras una sola vez, agarré las llaves y bajé. Crucé Dubái a una velocidad que ni la noche que balearon a Hassan, con un solo nombre golpeándome en la cabeza todo el camino.
*Mariana. Mariana. Mariana.*
Llegué a la suite antes que ellos y esperé de pie, mirando la puerta, sin respirar.
Y entonces se abrió.
Y ahí estaba.
Descalza, con un vestido color aqua roto por el ruedo, el pelo revuelto, el maquillaje corrido, temblando. La cosa más hermosa que he visto en mi vida.
Detrás de ella, Hassan y Karim, los dos con cara de alivio y de cansancio

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