MARIANA
Un mes entero en Guadalajara, en la casa que Zayed nos puso, viendo a Valentina volver a reírse, oyendo a mi madre cocinar en su propia cocina otra vez, durmiendo sin guardias en la puerta. Un mes de llamadas a escondidas de madrugada, cuando en Dubái era mediodía, oyendo la voz de Zayed contarme cómo iba armando, pieza por pieza, la manera de quedarse conmigo sin que su padre nos destruyera.
Un mes que necesité para volver a respirar. Y que se sintió como un año. Mia magia Gabi seguía en Dubai. Ni siquiera ella conocía mi dirección. Porque podía tomar un vuelo y buscarme y llevar a nuestros enemigos a mi ubicación.
Por fin llegó la llamada.
—Ya es hora. —La voz de Zayed, baja, tensa, a las tres de la mañana hora de México—. Todo está listo, Mariana. Khalid tiene los papeles. Hassan tiene el lugar. Si vamos a hacer esto, tiene que ser esta semana. Ya.
—¿Por qué esta semana?
Silencio del otro lado. Un silencio que no me gustó.
—Porque mi padre fijó la fecha de mi boda con Aaliyah. —Lo soltó despacio—. Falta poco, Mariana. Está todo montado. El salón, los invitados, la prensa. Mi padre lleva un mes organizándola con sus propias manos, feliz, creyendo que gané la cordura. —Respiró—. Si nos casamos antes que esa boda, cuando él intente cumplir la cláusula, ya no va a poder. Yo ya voy a tener esposa. Legalmente. Para siempre. Pero tiene que ser antes. Y en secreto. Si él se entera un solo día antes de tiempo, lo detiene todo.
Me senté en la cama, con el corazón golpeándome.
—¿Cuándo salgo?
—Mañana. Ya tienes boleto. Vienes tú sola. —Bajó aún más la voz—. Tu madre y Valentina se quedan en México, a salvo, hasta que esto se firme. Y cuando llegues, nadie puede verte. Nadie puede saber que volviste a Dubái. Para todo el mundo, tú sigues en alguna parte del mundo, dolida, olvidándote de mí. Y yo sigo aquí, resignado, casándome con Aaliyah. —Hizo una pausa—. Esa mentira es lo único que nos protege, Mariana. ¿Estás lista para volver?
Miré por la ventana, hacia el cuarto donde dormía mi hija. Hacia la vida tranquila de un mes que había sido un respiro y una jaula al mismo tiempo.
—Llevo un mes lista. —Dije—. Voy por ti, Zayed.
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