Entrar Via

Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 141

ZAYED

El auto de Nassar subió por la carretera de la costa hasta detenerse frente a un terreno enorme, plano, que daba al mar.

—Ahí lo tienes. —Nassar bajó—. Doce hectáreas frente al puerto nuevo. En cinco años, esto va a valer diez veces lo que cuesta hoy. El que se quede con este terreno controla el acceso a toda la zona de carga. Es la joya de la corona, muchacho.

Miré la tierra, el mar, la línea del puerto a lo lejos. Y sentí algo raro en el pecho.

—Mi padre siempre quiso este terreno. —Lo dije despacio—. Toda la vida. Se lo oí decir mil veces cuando yo era niño. "El día que sea dueño de la costa del puerto, seremos intocables." Era su obsesión. Nunca pudo comprarlo porque el viejo dueño no se lo vendía.

—El viejo dueño murió. —Nassar me miró, serio—. Y los herederos venden. Al mejor postor, la semana que viene, en una sola mesa de negociación. —Hizo una pausa—. Y tengo que decirte algo, Zayed, para que no te agarre desprevenido. Tu padre también va a estar en esa mesa. Él también quiere este terreno. Sigue queriéndolo, con más ganas que nunca, ahora que necesita una victoria grande para tapar el ridículo de las dos bodas.

Me quedé mirando la tierra.

—Entonces, si vamos por este terreno —dije—, me voy a enfrentar a mi padre. Cara a cara. Por primera vez, como rivales de verdad.

—Exacto. —Nassar me puso una mano en el hombro—. Y no tienes que hacerlo, muchacho. Hay otros terrenos. Otras oportunidades. Si no te sientes listo para pelear contra tu propio padre en una mesa, lo entiendo, y buscamos otra cosa. No hay vergüenza en eso.

Lo pensé un momento. Miré el mar.

—Vamos por él. —Me giré hacia Nassar—. Ese terreno, precisamente ese. El que mi padre quiso toda la vida y nunca pudo tener. —Apreté la mandíbula—. Si voy a construir algo nuevo, sin su apellido y sin su ayuda, quiero que la primera piedra sea justo lo que él más deseó. Que sepa, desde el primer día, que el hijo al que echó a la calle no solo sobrevivió. Que le está ganando.

Nassar me miró un largo rato. Y sonrió.

—Sabía que ibas a decir eso. —Volvió al auto—. Por eso te elegí a ti. Ven. Vamos a prepararnos. Contra Mansour Al Rashid no se llega a una mesa sin haber estudiado cada número tres veces.

La semana se me fue en cifras, proyecciones y llamadas. Nassar me enseñó cosas que ni en quince años con mi padre había aprendido: cómo pelea de verdad un hombre que no le teme a nadie. Preparé cada oferta, cada línea de defensa. Dormí poco. Pero llegué listo.

El día de la negociación, entré a la sala de juntas del despacho de los herederos con Nassar a mi lado.

Y ahí estaba él.

Mi padre. Sentado a la cabecera del lado contrario, con su bastón, su traje impecable y esa cara de piedra. A su lado, dos de sus abogados. Cuando me vio entrar, no se sorprendió. Ni siquiera se movió.

—Vaya. —Fue lo único que dijo, mirándome como se mira a un desconocido que llega tarde—. No sabía que dejaban entrar a cualquiera a estas mesas.

—Buenos días a ti también, padre.

—No me llames así aquí. —Su voz salió fría, cortante—. Aquí no somos padre e hijo. Aquí somos dos hombres que quieren lo mismo. Y solo uno se lo va a llevar. —Me recorrió con la mirada, despectivo—. Que, obviamente, seré yo. Tú ni siquiera deberías estar en esta sala. Un hombre sin empresa, sin apellido, sin un centavo propio, ¿con qué piensas competir? ¿Con ilusiones?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Una noche en Dubai, un año para el Jeque