LAYLA
Me despertó un peso hundiendo el colchón a mi lado.
Reaccioné por instinto, con el corazón disparado, y en la oscuridad lancé la mano abierta para golpear a quien fuera que se hubiera metido a mi habitación en plena noche.
Una mano me detuvo la muñeca en el aire. Con suavidad, sin apretar.
Y entonces lo olí.
Esa mezcla de jabón y de sol y de algo que ya reconocería con los ojos cerrados en cualquier parte del mundo. Esa fragancia que llevaba semanas persiguiéndome.
—Karim. —Solté el aire de golpe—. Casi te mato. ¿Qué haces aquí? Es de madrugada, si mi padre te encuentra en mi habitación te—
—Shh. —Me soltó la muñeca, despacio—. Baja la voz. No prendas la luz. Nadie me vio subir. —Su voz salió muy bajita en la oscuridad—. No podía dormir sin saber cómo estabas. Me pasé toda la tarde con esa imagen de ti subiéndote al auto temblando, y no aguanté. Tenía que verte. Perdóname. Si quieres me voy.
—No.
Se lo dije rápido, agarrándolo de la camisa antes de que se moviera.
—No te vayas. —Se me quebró la voz en la oscuridad—. Quédate. Por favor. Solo… quédate un rato. No quiero estar sola esta noche. No quiero.
Y sin decir más, me abracé a él. Me hundí en su pecho, en su calor, en esa fragancia, y sentí que por primera vez en horas podía respirar.
—¿Qué te pasó, Layla?
Fue la primera vez que me llamó así. Layla. Sin el "señorita" delante, sin la distancia, sin la muralla que él siempre ponía entre su lugar y el mío.
Y me gustó. Me gustó tanto que se me llenaron los ojos.
—Nada. —Escondí la cara en su cuello—. No preguntes. No quiero hablar de eso. Solo abrázame.
—Layla. —Me acarició el pelo—. Algo pasó. Llegaste temblando de esa oficina, subiste sin hablarle a nadie, y ahora tiemblas otra vez. Dime qué pasó.
—Nada, Karim. De verdad. Solo quédate conmigo.
Me subió la mano, despacio, para acariciarme la mejilla en la oscuridad.
Y cuando sus dedos rozaron mi pómulo, no pude evitarlo. Se me escapó un quejido de dolor.
Karim se quedó helado.
—¿Por qué te duele? —Su voz cambió—. Layla. ¿Por qué te dolió que te tocara la cara?
—No es nada—
Se estiró, encendió la lámpara de la mesita, y la luz cálida llenó el cuarto.
Y le vi la cara cuando me vio.

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