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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 148

MARIANA

—La vi golpeada, Zayed. —Caminaba de un lado a otro de la habitación, sin poder quedarme quieta—. El ojo morado, mal tapado con maquillaje. Otra marca más vieja en el pómulo. Omar la golpea, y quién sabe desde hace cuánto. —Se me cerró la garganta—. Y yo no puedo dejar de pensar que es mi culpa. Si yo no me hubiera interpuesto en su matrimonio, si no le hubiera pedido perdón a Nadia esa noche, si ella no me hubiera ayudado a escapar… A lo mejor Omar no la estaría castigando así. La está pagando conmigo. Con lo que yo hice.

—No. —Zayed me detuvo—. Eso no es verdad, Mariana. Omar no golpea a Nadia por ti. La golpea porque es un hombre violento, y los violentos no necesitan razones. Encontrarían un pretexto contigo o sin ti. —Me miró fijo—. Y el verdadero culpable de que Nadia esté en esa casa no eres tú, ni siquiera Omar. Es su padre. Fue él quien la vendió, quien la entregó al mejor postor sin preguntarle si quería. Estos viejos ven a sus hijas como mercancía. Ese es el verdadero crimen.

—Aun así. —Me solté, terca—. No puedo quedarme de brazos cruzados. Nadia me ayudó cuando yo estaba encerrada. Le debo eso. Tengo que ayudarla a salir de ahí, Zayed. Rescatarla, como ella me rescató a mí.

—Mariana. —Zayed suavizó la voz, pero no cedió—. Te entiendo. Pero te pido que te mantengas al margen. Por ahora. Omar es peligroso, y meterte en su casa, en sus asuntos, es meterte en la boca del lobo. Ya bastante nos ha hecho ese hombre. Déjame ver cómo ayudamos a Nadia sin ponerte a ti en riesgo. Prométeme que no vas a hacer ninguna locura tú sola.

—Está bien. —Suspiré—. Te lo prometo. Pero algo hay que hacer.

En eso, sonó su teléfono.

Zayed contestó, se apartó hacia la ventana. Y desde donde yo estaba, le vi cambiar la cara. Se le tensó la mandíbula, se le juntaron las cejas, apretó el teléfono. Esa cara de preocupación que le conozco y que nunca trae buenas noticias.

—Entiendo. —Dijo, serio—. Sí. Gracias por avisarme. Mantenme al tanto.

Colgó y se quedó un momento mirando la nada.

—¿Qué pasó? —Me acerqué—. Zayed. ¿Qué pasó?

—Era un contacto mío. —Se giró—. Hay una orden de captura contra Omar. Oficial. La policía fue a su casa esta tarde a detenerlo.

—¿Lo detuvieron? —Se me aceleró el corazón—. ¿Ya está preso?

—No. —Zayed negó—. Ahí está el problema. Cuando la policía llegó, Omar ya no estaba. Alguien le avisó, o simplemente huyó a tiempo. Se escapó, Mariana. Anda suelto, prófugo, sabiéndose buscado. —Me tomó la cara—. Y un hombre como Omar, acorralado, sin nada que perder, es lo más peligroso que hay. No sé de qué es capaz ahora. Por eso te lo pido en serio: no salgas de esta casa. Ni al jardín sin avisar. Hasta que lo agarren, quiero que estés dentro, con los guardias de Nassar cerca. ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo. —Se me heló la sangre—. Pero, Zayed… si Omar huyó… ¿qué va a pasar con Nadia? Ella está en esa casa. Con él prófugo, desesperado. Si él cree que ella tuvo algo que ver…

—Voy a averiguar dónde está Nadia. —Zayed ya agarraba su saco—. Nassar tiene contactos en la policía. Tú quédate aquí. No abras a nadie que no conozcas. Vuelvo en cuanto sepa algo.

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