MARIANA
—Aguanta un poco, Karim. —Le pasé el algodón con alcohol por la ceja partida, con cuidado—. Ya casi. Esto arde, pero hay que limpiarlo.
—No se preocupe, señora. —Karim apretó los dientes—. He tenido peores.
Estábamos en una habitación de huéspedes que Nassar mandó preparar a toda prisa. "El mejor cuarto de la casa para mi hijo", dijo, y todavía me temblaban las manos de la impresión. Porque eso era Karim ahora: el hijo de Nassar. El chofer que llevaba meses cargando nuestras maletas resultó ser el heredero perdido del hombre que nos dio refugio. Nadie lo vio venir. La vida, a veces, escribe cosas que ni en las telenovelas.
Zayed caminaba de un lado a otro del cuarto, sin poder quedarse quieto, echando chispas.
—No lo puedo creer. —Se pasó la mano por el pelo—. Mi padre. Otra vez mi padre. Golpear a un hombre, encerrarlo, amenazarlo de muerte, y de paso querer casar a Layla con un viejo asqueroso a la fuerza. ¿Hasta dónde va a llegar? ¿Qué más tiene que pasar para que ese hombre se detenga?
—No podemos permitirlo. —Karim trató de incorporarse, e hizo un gesto de dolor—. Señor Zayed, no podemos dejar que casen a Layla con ese hombre. Se muere. La conozco. Prefiere morirse a casarse con él.
Zayed se detuvo y lo miró fijo.
—¿La amas? —le preguntó, directo—. A mi hermana. Dime la verdad, Karim. ¿De verdad la amas, o es cosa del momento?
—La amo, señor. —Karim le sostuvo la mirada, sin dudar—. Más allá de lo que las palabras alcanzan. La amo desde hace meses. Yo la amaba desde que usted me pidió que la cuidara.La amo con todo. Y por eso no me puedo quedar aquí, tranquilo, curándome, mientras ella sufre en esa casa. Ahora que yo no estoy, no hay nadie que la proteja, más que mi tio. Y Hassan no puede hacer mucho contra su padre. —Apretó el puño—. Tenemos que sacarla de ahí. Hoy. Ahora mismo. Antes de que ese viejo la lastime más.
—En eso estamos de acuerdo. —Zayed asintió, con la mandíbula tensa—. Yo tampoco voy a dejar a mi hermana en manos de mi padre. Vamos a...
—No van a hacer nada. Todavía
La voz de Nassar nos hizo voltear a todos.
—El médico ya viene en camino. —Entró—. Para revisarte esas costillas, Karim, y asegurarnos de que no haya nada roto por dentro. Primero te curamos. Lo demás puede esperar unas horas.
—Pero Layla...
—Layla me importa tanto como a ti, hijo. —Y al decir "hijo", a Nassar se le quebró la voz, como si todavía se estuviera acostumbrando a la palabra—. Pero escúchenme. A un hombre como Mansour no se le gana con las vísceras, se le gana con la cabeza. Si vamos ahora, en caliente, a sacar a Layla por la fuerza, lo único que lograremos es que alguien salga muerto, y probablemente seas tú, Karim, que apenas te tienes en pie. —Negó—. Tenemos que pensar, armar un plan. Usar lo que ahora tenemos y antes no: mi nombre, mi dinero, mi poder. Ahora Mansour no se enfrenta a un chofer. Se enfrenta a mí. Eso lo cambia todo. Denme hasta esta noche.
Zayed y Karim se miraron. Y por primera vez, los dos asintieron.
—Está bien. —Karim se recostó, vencido por el dolor y por la razón—. Hasta esta noche. Pero la sacamos de ahí. Me lo prometen.

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