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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 159

LAYLA

Al día siguiente de la visita de Nassar, mi padre me llamó a su estudio con una sonrisa que no le veía hacía semanas.

Y esa sonrisa me dio más miedo que todos sus gritos juntos.

—Tengo buenas noticias, hija. —Se recostó en su silla, satisfecho—. Tu futuro está resuelto. Te vas a casar.

Se me heló la sangre.

—¿Con quién? —Apenas me salió la voz—. El socio se echó para atrás, tú mismo lo dijiste.

—Ese cobarde ya no importa. —Hizo un gesto de desprecio—. Conseguí algo mucho mejor. Nassar vino a proponerme una alianza. ¿Sabes lo que eso significa? El apellido Nassar, hija. Uno de los hombres más ricos y respetados de todo Dubái. Te vas a casar con su protegido, un joven de su entera confianza, heredero de todo lo que ese viejo tiene. —Sonrió, contando su fortuna con los ojos—. Este matrimonio nos devuelve el prestigio que tu hermano nos quitó. Nos lava el apellido. Y de paso, cuando Nassar falte, buena parte de su fortuna va a quedar ligada a esta familia.

—¿Su protegido? —No entendía nada—. ¿Quién es? ¿Cómo se llama?

—Eso es lo de menos.

—¿Cómo que es lo de menos, padre? —Me levanté—. ¡Me estás casando con un hombre del que no sabes ni el nombre!

—Sé lo que necesito saber. —Mi padre golpeó el escritorio, y la sonrisa se le borró—. Que tiene la fortuna de Nassar detrás. Que nos conviene. Que arregla todo lo que tus hermanos arruinaron. Lo demás son detalles. —Se recostó otra vez—. Además, no me vengas con escrúpulos de niña. Así se han casado las mujeres de las buenas familias toda la vida. Por conveniencia. Por alianza. El amor es un invento de los pobres, que no tienen otra cosa que ofrecerse.

Me quedé mirándolo, con un nudo en la garganta.

Otra vez. Otra vez me vendía. Cambió al viejo repugnante por un desconocido sin rostro, pero era exactamente lo mismo. Yo seguía siendo la moneda con la que él pagaba sus deudas. La ficha que movía para ganar sus partidas.

—Mañana viene a conocerte. —Mi padre volvió a sus papeles, dándome por despachada—. El protegido de Nassar. Arréglate bonita. Y por Dios, Layla, esta vez no lo arruines.

Esa noche no dormí.

Di vueltas en la cama pensando en ese hombre sin nombre, sin cara, con el que me iba a casar en cuestión de semanas. ¿Cómo sería? ¿Viejo también? ¿Cruel? ¿Otro hombre que me vería como una posesión, como un adorno, como una cosa comprada?

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