KARIM
Me miré en el espejo por última vez y no me reconocí.
El traje era el más caro que había tocado en mi vida. Cortado a la medida, de una tela que valía más que todo lo que gané en años de chofer. El pelo peinado, los zapatos lustrados, un reloj en la muñeca que Nassar —mi padre— insistió en ponerme esa mañana. "Un hijo mío no se casa sin reloj de hombre", dijo.
El chofer al que Mansour Al Rashid mandó golpear hasta el suelo había desaparecido. En su lugar había un hombre al que ni yo mismo reconocía. Un heredero. El hijo de Nassar. El novio.
Y hoy iba a entrar de nuevo a la casa de la que me sacaron a rastras, sangrando, hace unas semanas. Pero esta vez no por la puerta de servicio. Esta vez por la puerta grande. A casarme con Layla. Y a hundir a su padre.
Golpearon a la puerta de la habitación.
—¿Se puede? —Zayed asomó la cabeza, con Khalid detrás.
—Adelante.
Los dos hermanos entraron y me miraron de arriba abajo.
—Vaya. —Khalid silbó—. El chofer sí que limpia bonito. Casi no te reconozco.
—Casi no me reconozco yo. —Me reí, nervioso.
—Karim. —Zayed se puso serio, y me puso una mano en el hombro—. Antes de que salgamos, quiero decirte algo. Hoy no solo te casas con mi hermana. Hoy te confío lo más valioso que tengo en esta familia. Layla. —Me apretó el hombro—. Ella ha sufrido toda la vida en esa casa. Con mi padre. Con el miedo. Con la idea de que no valía nada, de que era una mercancía. Tu misión no es solo casarte con ella, Karim. Tu misión de verdad, la que importa, es hacerla feliz. Borrarle todo lo que mi padre le hizo. ¿Me entiendes? Devuélvele lo que ese hombre le robó.
—Con mi vida, señor Zayed. —Le sostuve la mirada—. Con mi vida. Layla no va a volver a llorar por culpa de nadie mientras yo esté vivo. Se lo juro.
—Ya no me digas "señor". —Zayed sonrió—. Vas a ser mi cuñado. Y algo más que eso, con lo que somos ya todos en esta casa.
—Y no te olvides de la otra mitad. —Khalid bajó la voz, poniéndose el abogado que es—. Repasemos. Mientras todos están en el alboroto de la boda, con los invitados, la ceremonia, la distracción, tú y Hassan se escabullen. Entran al estudio de mi padre. Ahí guarda lo importante, siempre lo ha guardado ahí, en la caja fuerte y en los cajones con doble fondo. Buscan todo: documentos, contratos, lo de los negocios con Omar. Cualquier cosa que lo incrimine. Hassan conoce esa casa mejor que nadie, él te guía. Sacan lo que puedan, le toman fotos a lo que no, y salen antes de que nadie note que faltaron.
—Entendido. —Asentí—. La boda es la distracción. El estudio es el objetivo.
—Exacto. —Zayed asintió—. Mi padre va a estar tan ocupado presumiendo su alianza con Nassar, tan confiado, que no va a vigilar su propio estudio. Es nuestra única oportunidad de entrar a esa casa con su permiso. No la desperdicies.
—No lo haré. —Respiré hondo—. Hoy se acaba, ¿verdad?
—Hoy empieza a acabarse. —Zayed me apretó el hombro una última vez—. Vamos, cuñado. Te espera una boda.
Bajamos las escaleras y en el recibidor estaban Nassar y Farida, listos, elegantísimos.
Nassar se acercó a mí en cuanto me vio, y se le llenaron los ojos.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Una noche en Dubai, un año para el Jeque