MARIANA
El funeral de Omar fue una cosa triste y vacía.
Fuimos con Zayed, más por Nadia que por otra cosa. La casa que alguna vez fue mi cárcel estaba llena de coronas de flores y de gente de negro, pero casi nadie lloraba. Omar había muerto siendo un prófugo, un estafador buscado por la policía, y la mayoría de los que fueron al funeral no fueron a despedirlo, sino a mirar, a chismear, a confirmar con sus propios ojos la caída del hombre que alguna vez fue poderoso.
Encontré a Nadia sentada sola en un rincón, vestida de negro, sin una lágrima, con las manos cruzadas sobre el regazo. Sola, en el funeral de su propio marido, como había estado sola durante todo su matrimonio.
—Nadia. —Me acerqué.
Levantó la cara, y en cuanto me vio, se le iluminó.
—Mariana. —Se levantó y me abrazó, con un alivio verdadero—. Viniste. Gracias. Ven, acompáñame al jardín. Necesito salir de aquí, de toda esta gente que finge.
Salimos al jardín
—¿Cómo estás? —Le tomé la mano—. De verdad. ¿Cómo estás con todo esto?
—Libre. —Lo dijo despacio, como si ella misma no terminara de creérselo—. Sé que suena horrible decirlo en su funeral, Mariana. Pero es la verdad. Por primera vez en meses, anoche dormí toda la noche sin miedo. Sin escuchar sus pasos en el pasillo. Sin despertarme pensando qué humor traería, si iba a levantarme la mano o no. —Respiró hondo—. Se acabó. Ya no le tengo miedo a la noche. Ya nadie me va a hacer daño en esta casa. Soy libre.
—Me alegro por ti. —Le apreté la mano—. De verdad. Te lo mereces.
—Aunque… —Bajó la mirada—. No te voy a mentir. También tengo miedo del futuro. Quedé marcada, Mariana. La viuda de Omar Hamza. La esposa del estafador, del ladrón, del prófugo que murió atacando a un hombre en su casa. Ningún hombre decente se va a querer acercar a mí después de esto. Cargo su apellido como una mancha. Creo que el amor, para mí, se acabó antes de empezar.
—No digas eso. —La miré—. Escúchame, Nadia. Tú no eres la mancha de nadie. Eres una mujer valiente que sobrevivió a un infierno. El hombre correcto no va a ver a la viuda de Omar. Va a ver a la mujer que tuvo el coraje de denunciar a un criminal, de empezar de cero, de no dejarse vencer. El verdadero amor va a llegar, Nadia. Cuando menos lo esperes. Y va a llegar por lo que eres, no a pesar de lo que fuiste.
Nadia sonrió, con los ojos húmedos.
—Ojalá tengas razón.
—La tengo. —Le apreté la mano—. Yo también creí que el amor se me había acabado, después de mi divorcio. Y mírame. Así que créele a esta que ya pasó por ahí.

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