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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 175

MARIANA

La idea nació una noche cualquiera, en la terraza de los Nassar, viendo el atardecer sobre Dubái.

Yo tenía siete meses de embarazo y no podía dormir. Zayed me encontró ahí, con las manos sobre el vientre, mirando la ciudad que había sido el escenario de toda nuestra historia. La ciudad donde lo conocí, donde sufrí, donde casi lo pierdo, donde por fin ganamos.

—¿En qué piensas? —Se sentó a mi lado.

—En que aquí pasó todo. —Suspiré—. Lo bueno y lo malo. Y en que… no sé, Zayed. Cada esquina de esta ciudad tiene un recuerdo. Y no todos son bonitos. —Le tomé la mano y me la puse en el vientre—. Quiero que este bebé nazca en un lugar sin sombras. Sin cárceles, sin palacios, sin la sombra de tu padre en cada pared. Quiero que crezca oyendo a su abuela cantar en español, comiendo lo que yo comía de niña, corriendo en la tierra donde yo corrí. —Se me quebró un poco la voz—. Extraño mi país, Zayed. Extraño México.

Zayed se quedó callado un momento, mirando la ciudad.

—Entonces vámonos. —Dijo.

Lo miré, sin creerlo.

—¿Qué?

—Que nos vayamos. —Me apretó la mano, y en su cara había una certeza que no esperaba—. A México. A tu tierra. ¿Qué nos ata aquí, Mariana? Mi padre está preso. El apellido que llevaba lo dejé atrás. Esta ciudad me dio la vida contigo, sí, pero también me la quiso quitar mil veces. —Miró el horizonte—. Empezar de nuevo. De verdad de nuevo. En un lugar donde nadie sepa quién fue Mansour Al Rashid. Donde nuestro hijo sea solo nuestro hijo, y no el nieto de un criminal. —Me miró—. Me gusta la idea. Me gusta más de lo que pensé.

—Pero tu vida está aquí. —Le dije—. Tu trabajo, la empresa con Nassar, todo.

—La empresa puede crecer en cualquier lado. —Sonrió—. De hecho… Nassar y yo hemos hablado de expandirnos a Latinoamérica. México es una puerta enorme para los negocios. Podríamos abrir la operación allá. Yo mismo. —Se encogió de hombros—. Sería mezclar lo mejor de los dos mundos. Tu tierra y mi trabajo. Nuestra familia y nuestro futuro, todo en un solo lugar.

Se me llenaron los ojos.

—¿Lo dices en serio? ¿No lo dices solo por complacerme?

—Lo digo porque lo quiero. —Me tomó la cara—. Quiero conocer el lugar que te hizo como eres. Quiero que nuestro hijo tenga las dos mitades: la mía y la tuya. —Sonrió—. Y quiero, por una vez, ser yo el extranjero. Que me toque a mí aprender, adaptarme, perderme en un idioma. Tú lo hiciste por mí dos años. Es justo que yo lo haga por ti.

Lo besé. Lo besé con todo el amor que le tengo, ahí en la terraza, con Dubái encendiéndose a nuestros pies.

Lo que no esperábamos fue la reacción de los demás.

Se lo contamos a la familia a la mañana siguiente, en el desayuno, con miedo de que se lo tomaran mal. Y pasó todo lo contrario.

Capítulo 175: La decisión 1

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