MARIANA
La música cambió y Zayed me extendió la mano sin preguntar. Por supuesto. Pedir no era su estilo. La tomé porque tenía cien pares de ojos encima y porque negarme habría sido un espectáculo que yo misma había prometido evitar.
Me llevó al centro del salón y me tomó por la cintura con esa misma seguridad perturbadora de antes. Empezamos a movernos y por exactamente tres segundos todo pareció normal. Casi elegante. Casi real.
—Sonría —dijo sin mover la boca, con los ojos fijos en algún punto sobre mi cabeza.
—Estoy sonriendo.
—Parece que le duele.
—Es que me duele. —Le sostuve la mirada—. Llevo diez horas con estos zapatos.
Algo en su expresión quiso moverse y no lo dejó. Lo noté. Y anoté mentalmente ese pequeño punto a mi favor.
—Está funcionando —dijo después de un momento—. La gente lo cree.
—Para eso me contrató.
Sus dedos se tensaron apenas en mi cintura.
—No la contraté. Se casó conmigo.
—Semántica —respondí con la sonrisa más dulce que pude fabricar mientras un invitado nos miraba desde la mesa más cercana.
Zayed bajó la vista hacia mí por primera vez en el baile. Sus ojos estaban más cerca de lo conveniente y su voz bajó otro tono.
—Le recomiendo que disfrute esta noche, señorita Ríos. Mañana empieza la parte difícil.
Porque esto claramente era la parte fácil.
—¿Más difícil que organizarme mi propia boda en veinticuatro horas?
—Mucho más.
La música terminó antes de que pudiera responder. Zayed se separó de mí con esa calma de siempre y me dejó procesando sus palabras en el centro del salón mientras los invitados aplaudían.
Mansour se acercó cuando la siguiente pieza comenzó. Me extendió la mano con una formalidad que en él se veía completamente natural y empezamos a bailar. Era un hombre que se movía como alguien que nunca había tenido que demostrar nada a nadie.
—¿Cómo se siente, señorita Ríos? —preguntó.
—Mariana —lo corregí con suavidad.
Algo en su expresión se suavizó apenas. Solo apenas.
—Mariana. ¿Cómo se siente?
—Bien —mentí con práctica ya adquirida.
—Con el tiempo esto se volverá más natural —dijo—. Mi familia puede ser difícil al principio. Pero somos leales a quienes son leales a nosotros.

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