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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 180

GABI

—¿En serio le dijiste eso al notario? —Me reí tan fuerte que casi se me cae el café—. ¿En su cara?

—Te lo juro. —Alex levantó las manos, muerto de risa—. "Licenciado, ese sello parece que lo hizo mi sobrino de seis años." Se puso rojo, pero corrigió el documento en dos minutos.

—¡Estás loco! —Le aventé una servilleta hecha bolita—. Un día te van a correr de todas las notarías.

—Por eso te tengo a ti. —Me guiñó el ojo—. Tú pones la diplomacia, yo el desastre. Hacemos buen equipo.

Y era cierto.

Trabajar con Alex era fácil como no lo sentía hacía tiempo. Después de dos años en Dubái midiendo cada palabra para no ofender a nadie, estar con alguien de mi propia tierra era como quitarme unos zapatos apretados al final del día. Con Alex no tenía que traducir nada. Simplemente era yo.

Pero que quede claro una cosa, porque yo la tengo clarísima.

Alex es mi amigo. Nada más.

Sí, me la paso bien con él. Sí, me río como no me reía hacía tiempo. Es guapo, es cómodo, de esos que caen bien de inmediato. Pero eso es todo: buena compañía. Un compañero de trabajo que se volvió amigo, una cara conocida en medio de una vida nueva.

Porque mi corazón, el tonto de mi corazón, late por otro. Por un hombre serio, a veces difícil, que a veces no entiende mis chistes y me mira con esa cara de "explícame" que me da tanta ternura. Late por Khalid. Por mi Khalid.

El hombre por el que crucé un océano. El que me eligió cuando estaba roto. El que, con toda la distancia entre sus costumbres y las mías, me hace sentir cosas que ningún amigo divertido de mi tierra me haría sentir jamás.

Alex me hace reír. Khalid me hace latir. No es lo mismo. Ni de cerca.

—Bueno, ya en serio. —Alex volvió a los papeles—. La logística del evento de lanzamiento. Necesito que me confirmes—

—Interrumpo.

La voz de Khalid nos hizo voltear a los dos.

Estaba en la puerta de la sala, con las manos en los bolsillos, mirándonos. Y aunque su cara era cortés, educada, la de siempre, yo lo conozco. Vi la tensión en su mandíbula. Vi cómo sus ojos pasaron de mí a Alex, a la servilleta hecha bolita sobre la mesa, a los dos cafés, a la risa que todavía no se me borraba de la cara.

Capítulo 180: Yasmín de regreso 1

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