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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 181

GABI

Salimos Khalid y yo a la recepción, tomados de la mano, y ahí estaba.

Yasmín.

No me quedó ninguna duda. Era ella. Un poco más delgada de como la recordaba, con el gesto más duro, más cansado, pero la misma mujer que yo había visto del brazo de Khalid en Dubái, la que iba a casarse con él, la que se quedó sola en aquel salón lleno de flores.

Al vernos, se puso de pie. Nos miró a los dos, a nuestras manos entrelazadas, y algo se le tensó en la cara.

—Gabi. —Dijo, con una calma fría—. Khalid. Necesito hablar con ustedes. Los dos. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar en privado?

Nos metimos a una de las oficinas y cerramos la puerta.

—Yasmín, yo… —Khalid empezó, incómodo—. No sé ni qué decirte. Lo que pasó en Dubái…

—No vine a hablar de eso. —Lo cortó ella, seca—. No vine a escuchar disculpas que no me sirven de nada. —Se giró hacia mí—. Vine a hablar con ella. Contigo, Gabi.

—¿Conmigo? —Fruncí el ceño—. ¿Por qué conmigo y no con él? Fue Khalid el que—

—Porque Khalid nunca habría aceptado verme. —Me miró fijo—. Se habría escondido, como se escondió aquel día. Es un cobarde, ya lo sabes, tú mejor que nadie. Pero tú… tú sí ibas a recibirme. Porque tú cargas con la culpa. Se te nota.

Me quedé callada. Porque tenía razón.

—Vengo a cobrar una cuenta pendiente. —Se sentó, muy derecha—. Por culpa de ustedes, mi vida se derrumbó. ¿Saben lo que es que te dejen plantada en el altar delante de todo Dubái? Quedé marcada. La novia que no fue suficiente. Ningún hombre decente me volvió a mirar para esposa. En mi mundo, una mujer humillada así vale menos que nada. —Tragó—. Y cuando cayeron las empresas Al Rashid y encerraron a Mansour, yo trabajaba en una de sus filiales. Me quedé sin empleo. Mi padre me culpó de la vergüenza que cayó sobre la familia por la boda fallida, y me echó de la casa. —Levantó la barbilla—. Lo perdí todo. El matrimonio, la reputación, el trabajo, mi casa. Por ustedes dos.

Miré a Khalid, y él a mí. En su cara vi el mismo peso que yo sentía. Porque era verdad. Nosotros nos elegimos, nosotros fuimos felices. Pero nuestra felicidad tuvo un costo, y esa mujer con la vida hecha pedazos era ese costo. El daño estaba hecho, y era nuestro.

—¿Qué es lo que quieres, Yasmín? —Pregunté al fin—. Dilo claro.

—Un trabajo. —Lo dijo sin rodeos—. Y un lugar donde vivir, hasta que pueda sostenerme sola. No vengo a pedir limosna. Vengo a cobrar lo justo. Ustedes me dejaron en la calle. Lo mínimo que pueden hacer es ayudarme a levantarme. —Nos miró, orgullosa—. No les pido caridad. Les pido que paguen lo que me deben.

Khalid y yo nos miramos otra vez. No hizo falta hablar. Los dos pensábamos lo mismo.

—Tienes razón. —Dije—. En todo. Y no vamos a fingir que no.

Capítulo 181: La cuenta pendiente 1

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