KHALID
Yasmín tenía un don para aparecer justo cuando yo estaba más vulnerable. La encontré en la cocina, sirviéndose café, mientras yo esperaba a Gabi para irnos juntos al hospital a conocer al bebé de mi hermano.
—Llegó tarde otra vez anoche, ¿verdad? —Comentó, sin mirarme, revolviendo su café—. Gabi. La oí entrar pasada la medianoche.
—Estaban terminando la propuesta. —Contesté, cortante—. Es trabajo.
—Claro. —Le dio un sorbo—. Trabajo. Hasta la medianoche. Con Alex. —Dejó la taza—. Sabes, Khalid, en mi país las mujeres comprometidas no pasan las noches trabajando a solas con otro hombre. Pero ya me dijiste que aquí las cosas son distintas. Más… libres. —Se encogió de hombros—. Yo solo espero que ese hombre respete lo que es tuyo. Aunque, la verdad, por cómo se miran, a veces dudo que quede algo que respetar.
—Ya basta, Yasmín. —Le dije, más duro de lo que quería.
—Perdóname. —Levantó las manos, fingiendo inocencia—. No me meto más. Es tu vida. Tú sabrás si prefieres cerrar los ojos.
Y se fue con su café, dejándome, como siempre, el veneno corriéndome por dentro. A los pocos minutos, Gabi salió de la habitación y nos fuimos directo al hospital.
En el hospital, se me olvidó todo. Porque conocer a mi sobrino fue como si el mundo se detuviera en algo bueno.
Entramos todos al cuarto: Gabi, doña Carmen, Karim y Layla, y yo. Mariana estaba en la cama, cansada pero radiante, y Zayed a su lado, con una venda ridícula en la frente que nadie se atrevió a preguntar de dónde salió, sosteniendo un bultito envuelto en una manta como si sostuviera el tesoro más frágil del universo.
—Familia. —Zayed levantó la vista, con los ojos brillantes—. Les presento a Amir. Amir José.
—Amir. —Repitió doña Carmen, llevándose las manos a la boca—. ¿Y… José?
—Por su bisabuelo. —Mariana le sonrió a su madre—. Por tu papá, mamá. Para que su nombre siga vivo en mi hijo.
A doña Carmen se le rodaron las lágrimas.
—Y hay algo más. —Zayed sonrió—. En mi tierra, "José" se dice "Yusuf". Así que sin proponérnoslo, mi hijo lleva el nombre del abuelo de Mariana en los dos idiomas. En español y en árabe. —Miró al bebé—. Amir José. Yusuf. Las dos orillas del mundo, en un solo nombre.
Se hizo un silencio hermoso en el cuarto. Layla se limpió los ojos. Karim abrazó a Layla. Y yo, viendo a mi hermano con su hijo, sentí otra vez esa punzada, ese deseo enorme de tener lo mismo con Gabi.
Busqué su mano. Ella me la dio, y me sonrió, y por un momento todo estuvo bien. Después de charlar casi una hora, tuvimos que despedirnos, ya que debías dejar descansar a Mariana y el bebé.
Íbamos en el auto, en silencio, y yo llevaba todo el día tragándome las palabras de Yasmín. Traté de callarlas. De verdad lo intenté. Pero cuando el celular de Gabi sonó, y ella lo miró y sonrió y empezó a teclear, no pude más.
—¿Alex? —Pregunté, con un tono que no reconocí como mío.

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