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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 185

ZAYED

Era tarde, en la sala de mi casa, tuve uno de esos momentos que uno quisiera embotellar para siempre.

Mariana dormía en el sillón grande, agotada pero hermosa, con Amir sobre su pecho, tan chiquito que cabía en el hueco de sus dos manos. Valentina, en el piso a sus pies, coloreaba y de vez en cuando se paraba de puntitas para mirar a su hermanito y susurrarle cosas que solo ella entendía. La luz de la tarde entraba dorada por la ventana. Y yo, desde el sillón de enfrente, los miraba a los tres sin poder creer que fueran míos.

Esto era lo que mi padre nunca tuvo. Y no porque no pudiera. Porque no supo. Porque cambió el amor por el poder, la familia por el miedo, y se quedó solo, pudriéndose en una celda, mientras yo, el hijo que desterró, tenía todo esto.

Todo esto que no se compra con nada.

Me quedé ahí, en silencio, dándole gracias a la vida, hasta que el celular vibró en mi bolsillo.

Era Nassar.

Salí de la sala con cuidado, para no despertar a Mariana ni al bebé, y me metí a mi oficina.

—¡Ahí está el nuevo padre! —La voz de Nassar sonó cálida—. Felicidades otra vez. Amir José. Qué nombre tan hermoso. Farida no ha parado de llorar desde que le contamos. Estamos arreglando todo para ir a conocerlo pronto.

—Los esperamos. —Sonreí—. Amir tiene que conocer a sus abuelos.

—Sus abuelos. —Nassar se rió, conmovido—. Yo, que nunca tuve hijos, ahora tengo un hijo y hasta nietos prestados. —Carraspeó, cambiando al tono de negocios—. Bueno, ya que estás en la oficina, aprovecho. ¿Cómo vamos con los documentos legales de las nuevas empresas? Los contratos con los inversionistas. Necesito saber que todo está en orden antes de que muevan el capital.

—Todo bien. —Contesté, sin dudar—. Khalid se está encargando de las revisiones. Ya sabes cómo es, no deja pasar una coma. Si hay algo raro en esos papeles, él lo encuentra. Confío en mi hermano con los ojos cerrados.

—Me quedo tranquilo, entonces. —Nassar suspiró—. Con Khalid revisando, duermo en paz. Ese muchacho tiene el mejor ojo legal que he visto. Bueno, te dejo con tu familia. Dale un beso a Mariana y otro al pequeño Amir de nuestra parte.

—Se los doy. Cuídense.

Colgué.

Y me quedé mirando el teléfono con una sensación rara en el pecho.

Le había dicho a Nassar que Khalid tenía todo bajo control. Y debía serlo. Khalid nunca me había fallado en lo legal. Pero llevaba unos días distinto. Distraído. Lo había notado en la última junta, ausente, mirando a Gabi y a Alex más que a los números. Y cuando fue a mi casa con esa cara de perro apaleado y le pregunté por los documentos, algo en su respuesta no me cuadró. Ese "sí, los revisé" demasiado rápido. Demasiado automático.

Marqué su número.

Sonó. Y sonó. Y sonó.

Buzón.

—Khalid, soy yo. —Dejé el mensaje—. Oye, necesito que me confirmes lo de los contratos de los inversionistas. Nassar preguntó y quiero estar seguro de que todo está en orden antes de que muevan el dinero. Llámame en cuanto oigas esto. Es importante.

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