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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 187

ZAYED

Estaba tratando de calmar a Khalid, todavía con el pulso acelerado por la pelea, cuando oí el grito de Mariana desde adentro de la casa.

No fue un grito cualquiera. Fue un grito que me heló la sangre antes de entender las palabras. El grito de una madre.

—¡ZAYED!

Corrí. Entré a la sala y me encontré a Mariana girando sobre sí misma como una loca, con las manos en la cabeza, mirando el moisés vacío, buscando debajo de los cojines, detrás de las cortinas, en lugares donde un recién nacido no podía estar.

—¡No está! —Me miró, con la cara descompuesta de terror—. ¡Amir no está, Zayed! ¡Lo dejé dormido en el moisés y ya no está!

—Cálmate. —La agarré de los brazos, aunque yo mismo sentía el pánico subir—. Tiene que estar. A lo mejor lo movió tu mamá, o alguien lo—

—¡Estaba ahí antes de la pelea! —Me interrumpió, temblando—. ¡Yo lo vi! Y cuando salí a separarlos, adentro solo quedaron dos personas. Mariana y… —Se le cortó la voz, y abrió mucho los ojos—. Y Yasmín. Yasmín se quedó con el bebé, Zayed. Se quedó sola con Amir.

Se me detuvo el corazón.

—¡Que nadie salga! —Grité—. ¡Búsquenlo por toda la casa! ¡Cada cuarto, cada rincón!

La casa se volvió un caos. Todos corriendo, gritando el nombre del bebé. Carmen rezando en voz alta, Layla revisando las habitaciones, Gabi pálida como un fantasma.

El jefe de seguridad llegó corriendo desde la entrada, con el radio en la mano.

—Señor. —Su cara lo decía todo—. Las cámaras. En pleno alboroto de la pelea, una mujer salió por la puerta lateral. Con un bulto en los brazos. Se subió a un taxi.

—¿Qué mujer? —Aunque ya lo sabía.

—La última visita que entró a la casa, señor. La que llegó de Dubái.

—Yasmín. —Mariana se llevó las manos a la boca—. Fue Yasmín. Se llevó a mi hijo.

No esperé un segundo más.

Salí de la casa como un rayo, con Khalid y Hassan pisándome los talones. Nos subimos al auto, y arranqué antes de que terminaran de cerrar las puertas.

—Marca a la policía. —Le ordené a Hassan—. Ya. Diles que secuestraron a un recién nacido. Que den la alerta. Aeropuertos, terminales, carreteras. Todo.

Hassan marcó, hablando rápido y firme, dando los datos, mientras yo manejaba como un poseído por las calles de una ciudad que apenas conocía, buscando un taxi cualquiera entre miles, buscando a una mujer con mi hijo en brazos.

—¿Por qué? —Golpeé el volante en un alto—. ¿Por qué se lo llevaría, Hassan? ¿Qué gana esa mujer llevándose a mi hijo? No tiene sentido.

—No lo sé, señor. —Hassan tenía la mandíbula tensa—. Pero la vamos a encontrar. Le juro que la vamos a encontrar.

Khalid, en el asiento de atrás, iba destrozado, con la cara entre las manos.

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