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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 191

GABI

El día de mi boda amaneció despejado, con ese cielo azul intenso que solo tiene mi país.

Me miré al espejo, ya con el vestido puesto, y por un momento no me reconocí. No por el maquillaje ni por el peinado. Sino por la cara. La cara de una mujer que, después de tanto lío, tanta duda, tanta sombra, por fin estaba exactamente donde quería estar.

—Estás preciosa, amiga. —Mariana entró, con Amir en brazos, y se le llenaron los ojos—. Preciosa. Khalid se va a caer de espaldas cuando te vea.

—Otra vez. —Me reí—. La última vez que me vio caminar hacia un altar se desmayó Zayed, no él.

Las dos soltamos la carcajada, recordando el parto, y por un segundo fui la mujer más feliz del mundo.

—

La boda fue todo lo que soñé, y más.

Decidimos hacerla a nuestra manera: una mezcla de los dos mundos. Hubo flores mexicanas y hubo detalles árabes. Hubo mariachi y hubo música del desierto. Doña Carmen lloró desde que empezó hasta que terminó, y a su lado, muy elegante, muy serio, Hassan le pasaba pañuelos uno tras otro, con una devoción que ya no disimulaba nadie.

Nassar y Farida habían volado desde Dubái para estar ahí. Nassar, del brazo de Farida, veía todo con esa sonrisa de patriarca que ha aprendido, tarde pero de verdad, lo que vale una familia. Karim y Layla, tomados de la mano, se sonreían como si recordaran su propia boda. Y Zayed, mi cuñado, mi hermano elegido, caminó del brazo de Valentina, que iba de niña de las flores, tirando pétalos por todos lados menos donde debía.

Y al fondo, esperándome en el altar, estaba Khalid.

Serio, guapo, con el traje impecable, y con una cara que ya no era la del hombre frío y calculador que conocí en Dubái. Era la cara de un hombre que había aprendido a amar sin miedo, a confiar, a pelear por lo suyo sin encerrarlo en una jaula. La cara del hombre que yo elegí, con todas sus diferencias, con todo lo que nos costó cruzar el mundo para encontrarnos.

Caminé hacia él. Y esta vez, nadie se desmayó.

—Te ves… —A Khalid se le quebró la voz cuando llegué a su lado—. No hay palabra, Gabi. En ningún idioma que yo hable.

—Con "hermosa" me conformo. —Le susurré, y él se rió, nervioso, y me tomó las manos.

Nos casamos ahí, frente a las dos familias que la vida había juntado de las formas más raras. Frente a mi mejor amiga, que un día me arrastró a Dubái sin saber que ahí iba a encontrar el amor de mi vida. Frente a los hermanos que dejaron un apellido para honrar a su madre. Frente a Nassar, que encontró un hijo cuando ya no lo buscaba.

Y cuando el juez nos declaró marido y mujer, y Khalid me besó, sentí que se cerraba, por fin, un círculo que había empezado con muchas lágrimas y terminaba con las mejores de todas.

Más tarde, en la fiesta, mientras todos bailaban, salí un momento a tomar aire al jardín.

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