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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 20

MARIANA

Desperté con un dolor de cuello que me recordó exactamente dónde había dormido y por qué.

Me incorporé despacio en el sillón de terciopelo azul que desde esa noche era oficialmente mi cama. Lo estiré hacia un lado. Después hacia el otro. El crujido fue suficientemente elocuente. Grande o no, un sillón seguía siendo un sillón y mi espalda tenía una opinión muy clara al respecto.

La cama estaba perfectamente tendida.

Zayed ya no estaba.

Por supuesto. El hombre probablemente amanece, conquista tres países y llega al trabajo antes de que el sol termine de salir.

Me froté los ojos intentando ubicarme en el espacio cuando la puerta se abrió y Layla entró seguida de dos chicas jóvenes que se dispersaron por la habitación con esa eficiencia que empezaba a reconocer como el idioma oficial del palacio. Una fue directo al armario. La otra desapareció hacia el baño y en segundos se escuchó el sonido del agua corriendo.

Parpadeé.

—Buenos días —dijo Layla con su sonrisa de siempre.

—Buenos días. ¿Qué están haciendo?

—Preparar tu baño. Arreglar la habitación. Lo de siempre.

—Puedo bañarme sola, Layla.

Ella me miró con esa expresión amable pero firme que ya empezaba a conocer.

—Sé que puedes. —Se sentó en el borde de la cama con total naturalidad—. Pero no debes. Eres la esposa de Zayed Al Rashid. Eso cambia cómo se hacen las cosas aquí.

Ah. Claro. Otro manual de instrucciones que nadie me entregó antes de firmar.

—Layla, no tengo privacidad.

—Tendrás toda la privacidad del mundo dentro del baño. —Señaló la puerta con una sonrisa—. Las chicas solo preparan todo. Nada más.

Antes de que pudiera responder, la chica del armario apareció con ropa doblada con una precisión que parecía quirúrgica. La dejó sobre la cama. Layla la señaló como si fuera completamente normal.

—Tu ropa de hoy.

La miré. Elegante. Conservadora. Exactamente lo que una esposa Al Rashid debería usar para desayunar en familia aparentemente.

—¿Y si quiero elegir yo?

—Tienes treinta minutos —respondió Layla ignorando olímpicamente mi pregunta—. A nuestro padre no le gusta esperar en la mesa. Puntualidad es respeto en esta familia.

Treinta minutos. Ropa elegida por alguien más. Baño preparado por otra persona. Y un patriarca esperando abajo con toda su presencia imponente.

Tomé la ropa de la cama y entré al baño.

Cerré la puerta.

Apoyé la espalda en la madera y respiré hondo.

Bienvenida a tu nueva vida, Mariana.

….

El comedor era exactamente lo que esperaba de una habitación en el Palacio Al Rashid. Una mesa larga de madera oscura con sillas tapizadas, flores frescas en el centro y luz natural entrando por los ventanales que daban al jardín con los naranjos.

Mansour ya estaba sentado en la cabecera. Khalid a su derecha con el teléfono boca abajo sobre la mesa, lo cual en él probablemente significaba un sacrificio enorme.

Me detuve en la entrada apenas un segundo.

Sonríe. Eres profesional. Has manejado situaciones más complicadas que un desayuno familiar.

Mentira. Pero útil.

—Buenos días —dije.

Mansour levantó la vista.

—Buenos días. —Señaló la silla a su izquierda con una formalidad que no dejaba espacio para interpretaciones—. Siéntate.

Khalid me sonrió.

—Bienvenida oficialmente a los desayunos de los Al Rashid.

—Gracias. —Tomé asiento—. ¿Hay reglas que deba saber?

—Llegarás a tiempo —dijo Mansour sin levantar la vista del periódico que sostenía—. Hoy tienes el beneficio de ser el primer día.

Beneficio. Claro.

Me pregunté por Zayed antes de poder evitarlo.

—¿Zayed no desayuna con la familia?

Layla que se acomodaba en la silla frente a mí respondió antes que nadie.

—Zayed se levanta antes que todos. Hace ejercicio, desayuna solo y está en la empresa antes de las ocho. —Me miró con esa expresión que decía que este dato era útil y debía guardarlo—. Llevan años intentando que desayune con la familia. No funciona.

Perfecto. Mi esposo no solo me asignó el sillón sino que ni siquiera aparece en el desayuno familiar. Matrimonio modelo.

Comimos en silencio. Un silencio que en esta familia claramente era normal y cómodo y que a mí me resultaba ligeramente ensordecedor. La comida era extraordinaria. Pan recién hecho, quesos, aceitunas, huevos preparados de una manera que no reconocí pero que estaban perfectos.

Tomé la taza.

Y en ese momento mi teléfono vibró sobre la mesa.

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