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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 208

VALENTINA

—¿Tu esposa? —La palabra me raspa al salir, me sentí decepcionada al saber que estaba casado y no tenía por qué—. ¿De qué esposa hablas?

Kael no aparta los ojos de mí. Y en ese silencio de un segundo, mi cuerpo entiende antes que mi cabeza.

Las Vegas. El hueco negro. La capilla de neón que creí soñada. La risa que me despierta de madrugada. Las manos. El sí que dije sin saber a qué.

A él.

—No. —Retrocedo un paso—. No. Eso no…

—Nos casamos, Valentina. —Lo dice sin crueldad, casi suave, y es peor—. En Las Vegas. Hace unos meses. Tú no lo recuerdas porque esa noche apenas podías con tu alma. Yo sí. —Mete la mano al bolsillo del saco y saca una hoja doblada, gastada de tanto abrirla—. Acta de matrimonio. Legal. Registrada. Con tu firma y la mía.

El aeropuerto entero se me vuelve ruido blanco.

El hombre del desierto. El hombre de Las Vegas. El mismo. Mi cuerpo lo supo desde la primera noche —esas manos, esa risa— y mi cabeza se negó a armarlo. Estuve casada todo este tiempo con un fantasma. Y el fantasma acaba de ponerle cara, nombre y papel sellado.

—Dame eso. —Mi papá le arranca la hoja, la lee, y veo cómo se le vacía la cara—. Esto es una locura. Un fraude. Valentina estaba borracha, no sabía lo que firmaba, esto no vale nada. —La arruga en el puño—. Nos vamos. Ahora. Los cuatro. Suéltala de tu vida.

Da un paso, me toma del brazo para arrastrarme hacia la puerta de embarque.

—Yo que usted no la subo a ese avión. —La voz de Kael cae como una guillotina. Tranquila. Letal—. Porque en el instante en que saque a mi esposa de los Emiratos sin mi consentimiento, señor, dejo de ser un problema familiar y me convierto en una denuncia. Secuestro de cónyuge. Aquí eso no es un trámite: es cárcel. Y tengo con qué probar cada palabra. —Ladea la cabeza—. ¿De verdad quiere pasar sus últimos años en una prisión de Dubái por querer separarme de ella?

Y ahí algo en mí se rompe de golpe.

No por la boda. Por esto.

—¿Estás amenazando a mi padre? —Me zafo de la mano de Zayed y encaro a Kael, con la sangre hirviéndome—. ¿Apareces de la nada, me dices que firmé borracha un papel, y lo primero que haces es amenazar con meter preso a mi papá? ¿Esa es tu forma de reclamar una esposa?

—Es mi forma de que nadie la saque del país antes de que hablemos. —No pestañea—. Tú y yo. Sin aviones de por medio.

Capítulo 208: El sí que no recuerdo 1

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