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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 211

VALENTINA

Me despierto con el ruido del agua en la regadera y entiendo que tengo exactamente ocho minutos.

No los desperdicio.

Salgo de la cama y hago lo que mejor sé hacer: husmear. Abro cajones, levanto cojines, reviso la cocina vacía, el clóset con cuatro camisas iguales colgadas como soldados. Y mientras más busco, más me eriza lo que encuentro.

Nada.

Nada personal. Ni una carta, ni una foto, ni una factura con un nombre, ni un recuerdo. Un hombre no vive así por accidente. Esto no es pobreza: es borrado. Kael limpió su vida de cualquier cosa que pudiera decir quién es. Y la gente solo borra lo que tiene miedo de que la encuentren.

El único cajón que no abre está en la mesa de noche. Cerrado con llave. Tiro de él dos veces. Nada.

Ahí estás, pienso, acariciando la cerradura con el dedo. Ahí está todo lo que no quieres que vea.

El agua se corta. Me siento en la cama como si nada, justo cuando Kael sale secándose el pelo, el torso desnudo cruzado por una cicatriz vieja y larga que le baja por las costillas. No pregunto por ella. La guardo. Las cicatrices también cuentan historias.

—Buenos días, esposo. —Sonrío dulce—. Lindo lugar. Muy… vacío. Como si el inquilino no quisiera que lo encontraran.

—O como si no tuviera nada que esconder. —Agarra una camisa.

—Todos tienen algo que esconder. —Me levanto, me acerco despacio, con la voz suave—. Y tú tienes un cajón cerrado con llave en tu mesa de noche. Qué cosa, ¿no? El hombre que "no tiene nada que esconder" guarda algo bajo llave a un palmo de donde duerme.

Algo se le tensa en la mandíbula. Un punto para mí.

—No abras ese cajón, Valentina. —Se abotona la camisa sin mirarme—. Lo digo en serio.

—¿O qué? —Ladeo la cabeza—. ¿Me vas a secuestrar? Ah, no. Eso ya lo hiciste.

—

Durante el desayuno —café malo y pan, servido sin una palabra— lo trabajo como trabajo a los clientes difíciles. Despacio. Con el anzuelo escondido en la carnada.

—¿Dónde aprendiste a pelear así? —Muerdo el pan—. Lo del desierto no fue de gimnasio. Eso se aprende en la calle. O peor.

Silencio.

Capítulo 211: El hombre sin pasado 1

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