Entrar Via

Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 25

MARIANA

Tenía un calendario escondido en el forro de la maleta.

No lo había pegado en la pared. No lo había dejado en el cajón. Lo guardé donde nadie de esta casa pudiera encontrarlo, porque en este palacio las paredes oían y yo no quería que nadie supiera lo que yo contaba cada noche.

Tomé el bolígrafo y taché un día más.

Trescientos sesenta.

Faltaba uno menos. Eso era una victoria, aunque no se sintiera como ninguna.

Guardé el calendario, dejé la maleta a medio deshacer —porque deshacerla del todo era admitir que me quedaba— y agarré el teléfono. Tenía una sola cita en mi día que de verdad me importaba, y no estaba en la agenda de Halima.

Marqué.

—¡Mamá! —La carita de Valentina llenó la pantalla, demasiado cerca, toda nariz y dientes de leche—. ¡Mamá, te veo!

—Yo también te veo, mi amor. —Se me apretó algo en el pecho—. ¿Estás portándote bien con la abuela?

—Sí. —Una pausa muy sospechosa—. Casi siempre.

Atrás apareció mi mamá, secándose las manos en el delantal.

—Pinté una mariposa —anunció Valentina—. Morada. Como las de Dubái.

—En Dubái no hay mariposas moradas, mi vida.

—Sí hay. —Frunció el ceño con toda la seguridad de sus cuatro años—. Donde están los naranjos. ¿Ya viste los naranjos, mamá? ¿El señor de los naranjos te los enseñó? ¿Dónde está el señor de los naranjos.

Me quedé un segundo sin saber qué decir.

—El señor… está ocupado, cariño.

—Pero prometió. —Acercó tanto la cara que solo se le veía un ojo enorme—. ¿Cuándo voy a ir? Quiero ver los naranjos y al señor y a ti, los tres juntos.

—Pronto —mentí, porque hay mentiras que una madre dice con el corazón en la mano—. Muy pronto.

Mi mamá me miró desde atrás de la pantalla. Ella sí sabía leerme. No dijo nada. Solo me sostuvo la mirada el tiempo justo para recordarme que no estaba tan sola como me sentía.

Colgué cuando Valentina ya se había ido corriendo a buscar otra hoja.

Y me quedé con el teléfono caliente en la mano y el cuarto demasiado grande alrededor.

No alcancé a guardar la tristeza antes de que entrara la siguiente llamada.

Gabi.

—Dime que es buena noticia —contesté.

—Es noticia. —Mi mejor amiga nunca me mentía, esa era su gracia y su defecto—. Los Mendoza cancelaron.

Cerré los ojos.

—¿La boda de marzo? Mari, ese contrato era el más grande del semestre.

—Lo sé. ¿Dijeron por qué?

Gabi dudó. Gabi nunca dudaba.

—Dijeron que no querían a una organizadora “envuelta en escándalos internacionales”. —Bajó la voz—. Mari, alguien les mandó el link. Las fotos de tu boda relámpago. La nota esa que dice que rompiste una alianza entre dos familias importantes. Llegó a su correo el día antes de cancelar.

—Eso salió hace días. Ya nadie habla de eso. Al menos en Dubai.

—Pues alguien lo desenterró. —Una pausa—. Y lo mandó directo a nuestro cliente.

Me senté en el borde del sillón.

—¿Estás bien con la empresa, Gabi? Dime la verdad. —le supliqué.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Una noche en Dubai, un año para el Jeque