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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 43

ZAYED

Desperté con el cuello hecho un nudo.

Me dolía la espalda, el hombro, hasta un punto raro a la altura de la nuca que no sabía que existía. El sillón de terciopelo azul era bonito de ver y un instrumento de tortura para dormir. Me incorporé despacio, haciendo muecas, y por primera vez en mi vida entendí algo que nunca me había molestado en pensar.

Mariana había dormido aquí. Más de un mes. Noche tras noche, sin una queja que yo recuerde, mientras yo me estiraba a mis anchas en una cama del tamaño de una habitación.

Más de un mes en este sillón. Y nunca dijo nada.

Algo incómodo se me movió en el pecho. No le puse nombre.

Me giré hacia la cama.

Y ahí estaban las dos. Mariana dormía de lado, con un brazo echado sobre su hija, protegiéndola hasta dormida. Valentina, hecha un ovillo contra ella, con la boca abierta y un muñeco apretado en el puño. Las dos respirando despacio, en paz, ajenas al mundo.

Me sorprendí sonriendo.

Y en cuanto me di cuenta, borré la sonrisa. De inmediato. Como quien apaga una luz que no debía estar encendida.

Me vestí en silencio y bajé antes de que despertaran.

La familia ya estaba en el comedor. Mi padre, Layla y Kahlid.

—¡Ahí está el hombre del momento! —Layla casi salta de la silla cuando me vio—. ¡Felicidades!

—¿Felicidades por qué? —Me serví café.

—Por la boda, hermano. Por lo de anoche. —Sonreía de oreja a oreja, con el teléfono en la mano—. ¿No has visto? Tú y Mariana son la sensación. Están en todas las redes. En todos lados. —Giró la pantalla hacia mí—. Ni los novios tuvieron tanto foco como ustedes dos. La boda era de Nadia y Omar, y de lo único que habla la gente es de ustedes.

Miré la pantalla.

Era una foto. La foto.

Mariana y yo en la pista. Ella con la mano en mi rostro, acariciándome la mandíbula. Yo mirándola como si fuera lo único en el salón. Capturada justo en ese instante, el instante en que dejó de ser actuación y ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien tenía una cámara.

—Una actuación impecable. —Mansour habló desde la cabecera, sin levantar la vista del periódico—. Felicito a los dos. Toda Dubái cree que están perdidamente enamorados. Es exactamente la imagen que necesitábamos. —Pasó una página—. Bien hecho.

Me quedé mirando la foto un segundo de más.

Una actuación. Claro. Eso éramos. Eso debíamos ser.

Guardé el teléfono de Layla y se lo devolví sin decir lo que estaba pensando: que esa foto no había sido actuación de mi parte. Que en ese momento, con su mano en mi cara, había olvidado por completo que había gente alrededor.

—Hay algo que deben saber —dije, cambiando de tema—. Tenemos invitadas en la casa. Llegaron anoche. Una amiga de Mariana. Y su hija.

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