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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 45

MARIANA

La noche cayó y yo estaba poniéndole la pijama a Valentina, recién bañada, con el cabello húmedo y oliendo a jabón de bebé.

—Y eso no es todo. —Gabi estaba sentada en la cama, viendo su teléfono con una sonrisa enorme—. Mari, te tengo noticias. Buenas, para variar.

—Necesito buenas. Dame.

—Después de la boda de Nadia, nos llovieron mensajes. —Levantó la pantalla—. Ya nos contrataron para dos eventos más. Aquí, en Dubái. Dos. La gente vio tu trabajo en esa boda y se peleó por nosotras. —Soltó una risita—. La empresa no solo se salvó, amiga. Está despegando.

Se me llenó el pecho de algo cálido. La apuesta había valido la pena. La boda del enemigo, la pelea con Zayed, todo. Mi empresa respiraba otra vez.

—Eso es genial, Gabi. —Le di un beso a Valentina en la frente—. De verdad. Es la mejor noticia en semanas.

—¡Tengo sed, mamá! —reclamó mi hija.

—Vamos por agua antes de dormir. —La cargué—. Y luego, derechito a la cama, señorita.

Salimos de la habitación con Valentina en brazos y Gabi detrás. Y en el pasillo vi llegar a Khalid.

—¡Khalid! —Me alegré—. Justo a tiempo. Quiero presentarte a mi ami...

—Hoy no, Mariana. —Pasó casi de largo, con el saco colgando de la mano y una cara larga que no le conocía—. Perdón. No es buen momento.

—¿Qué pasó? —Lo detuve—. ¿Estás bien?

—Fue mi cita. —Soltó un suspiro pesado—. Con Yasmín. —Negó con la cabeza—. Prefiero no hablar de eso. Buenas noches.

Y siguió caminando, derrotado, hasta perderse por el corredor.

Gabi lo siguió con la mirada, intrigadísima.

—¿Ese de verdad es hermano del jeque? —preguntó—. Porque no se parecen en nada. El tuyo parece sacado de una revista y este parece… no sé. Un contador triste.

—Es abogado —me reí—. Y sí, es hermano de Zayed. Pero a Khalid no le importa nada la imagen. Se viste como abogado, vive como abogado, y al parecer también sufre de amores como cualquiera. —Acomodé a Valentina—. Vamos, que esta niña pesa.

Bajamos, tomamos agua, subí a Valentina a su propia habitación —la primera noche en su cuarto de princesa, que la dejó feliz— y la arropé hasta que se le cerraron los ojos.

Después me despedí de Gabi en la puerta de su cuarto.

—Descansa, jequesa —me dijo, dándome un abrazo—. Y piensa en lo que te dije esta mañana.

—Buenas noches, Gabi.

Entré a la habitación. La de Zayed y mía.

Me metí a la ducha, dejé que el agua caliente me soltara los hombros, me puse el camisón, me solté el cabello. Y justo cuando salía del baño, entró él.

—Mariana. —Se aflojó la corbata—. Puedes quedarte en la cama.

Parpadeé.

—¿Lo dices en serio?

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