MARIANA
—…y entonces le tendió la mano, muy sonriente, todo baboso, "un placer conocer al hombre que cuida de mi familia". —Le imité la voz a Rodrigo mientras Gabi me escuchaba con la boca abierta—. Y Zayed lo miró, ni se movió, y le dijo: "Tu familia. Interesante manera de llamar a las personas que abandonaste."
—¡No! —Gabi se llevó las manos a la cara—. ¿Le dejó la mano colgando?
—Colgando. En el aire. Delante de todos. —No pude evitar una sonrisa—. Y luego lo de que buscara un juez en Dubái a ver quién le contestaba la llamada. Gabi, te juro que Rodrigo se puso del color de la pared. Nunca lo había visto así. Achicado. Chiquito.
—Ay, ese jeque. —Gabi suspiró, encantada—. Qué manera de defenderte. Menos mal que ya estaba enterado de todo cuando pasó, si no—
Se calló de golpe. Demasiado tarde.
—Espera. —Me enderecé—. ¿Cómo que "ya estaba enterado"? —La miré fijo—. Gabi. ¿Cómo supo Zayed lo de Rodrigo?
Gabi se puso roja hasta las orejas.
—Eh…
—Gabi.
—Está bien, está bien. —Levantó las manos, rindiéndose—. Yo le conté. A Khalid. Y Khalid le contó a Zayed. —Hizo una mueca—. Perdón.
Me quedé de piedra.
—¿Tú le contaste? —Me levanté—. Gabi, ¡yo te lo confié a ti! ¡A ti! ¡Era mi problema, mi secreto, y tú vas y se lo sueltas al hermano de mi marido a mis espaldas!
—¡Porque me estabas volviendo loca, Mariana! —Se levantó también, sin achicarse—. ¡Llevabas días sin dormir, mirando el teléfono como si te fuera a explotar en la mano, cargando sola con un tipo que amenazaba con quitarte a tu hija! ¿Y qué querías que hiciera? ¿Verte hundir en silencio porque a la señora orgullosa no le gusta pedir ayuda? —Negó con la cabeza—. No. Perdóname, pero no. Prefiero que me odies a verte sola contra ese buitre.
—No tenías ningún derecho—
—Tenía todo el derecho. Soy tu amiga. —Me tomó de los hombros—. Y lo hice con la mejor intención del mundo, y lo volvería a hacer. Pero, Mari, óyeme bien, porque esto es lo importante. —Bajó la voz—. Yo le conté a Khalid. Solo eso. Yo no le pedí a Zayed que dejara a Rodrigo con la mano colgando. Yo no le pedí que amenazara con jueces, que duplicara la seguridad de Valentina, que te dijera que no estás sola. —Me sacudió suave—. Eso lo hizo él. Solo. Porque quiso. ¿Cuándo te vas a dar cuenta, amiga? Ese hombre no las protege por un contrato. Las protege porque le importan. Tú y la niña. Le importan de verdad.
Me quedé sin respuesta.
Porque era exactamente lo que yo no me quería permitir pensar.
***
No tuve mucho tiempo para pensarlo, de todas formas.
Esa tarde salí a un hotel del centro a revisar el montaje de uno de nuestros eventos. Hassan me llevó, se quedó cerca —últimamente Hassan siempre estaba cerca, y yo empezaba a entender por qué—. Estaba yo revisando unas mesas cuando una voz me heló la espalda.
—Hola, Mari.
Rodrigo. Recargado en una columna, con las manos en los bolsillos, como si me hubiera estado esperando. Porque me había estado esperando.

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