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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 68

MARIANA

Tenía el teléfono en la mano y no podía dejar de temblar.

No de miedo. De rabia.

La cara de mi hija estaba en las noticias. Mi Valentina, mi niña de cuatro años, convertida en carnada de un escándalo que ella no eligió. El contrato filtrado. El plazo de un año expuesto para el mundo entero. Y ahora, encima, la palabra que me estaba destrozando: demanda. Demanda por custodia. En las portadas.

Y yo sabía quién estaba detrás. Lo sabía con cada hueso del cuerpo.

—¿Cómo? —Apreté el teléfono hasta que me dolieron los dedos—. Esto no lo hizo Rodrigo solo. Rodrigo no tiene ni para el boleto de avión, ¿cómo va a tener para filtrar un contrato y montar todo este circo? Alguien lo está ayudando. Alguien con dinero y con muchas ganas de destruirme. Y usó a mi hija para hacerlo.

—Mari, respira. —Gabi me quitó el teléfono de las manos con cuidado—. Respira, por favor, que te me vas a desmayar. Vas a colapsar y así no le sirves a nadie, mucho menos a Valentina.

—¿Cómo quieres que respire? —La voz se me quebró de pura furia—. ¡Mi hija está en las noticias! ¡Un juez podría—!

—No va a pasar nada. —Gabi me tomó de los hombros, firme—. Escúchame. Esta vez no estás sola contra el mundo. Tienes al jeque de tu lado. Y no cualquier jeque: uno con más dinero, más abogados y más poder que Rodrigo y quien sea que lo esté ayudando. Deja que ese poder trabaje para ti, por una vez en tu vida.

Quise creerle. De verdad quise.

Pero había algo que ni todo el poder de Zayed podía tocar.

—Mi mamá. —Se me heló la voz—. Gabi. Si mi mamá ve esto… si esto llega a México, y va a llegar, todo llega… se va a enterar de todo. Del contrato. De que le mentí. De que mi matrimonio es un papel con fecha. Y por un noticiero, Gabi. No por mí. —Me tapé la boca—. Le mentí durante meses. Y se va a enterar por la televisión.

Gabi no supo qué contestar a eso. Porque no había nada que contestar.

Khalid llegó a la casa poco después.

Lo intercepté antes de que llegara al estudio.

—Khalid. La demanda. —Le corté el paso—. Dime la verdad. Sin adornos. ¿Pueden quitarme a Valentina?

—Mariana. —Dejó el maletín en el suelo y me tomó de los brazos—. Escúchame bien, te doy mi palabra, como abogado y como amigo, de que no voy a permitir que nadie, nadie, te quite a esa niña.

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