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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 71

MARIANA

Llevaba dos días sin saber de Rodrigo. Y en lugar de tranquilizarme, eso me tenía peor.

Porque yo conocía a Rodrigo. Rodrigo no se rendía. Rodrigo no se iba con la cola entre las patas y ya. El silencio, en él, nunca era paz. El silencio era que estaba tramando algo. Algo más grande, más sucio, más peligroso. Y esa calma me daba más miedo que sus amenazas.

Estaba dándole vueltas a eso, mordiéndome las uñas junto a la ventana, cuando Zayed entró a la habitación.

—Te noto intranquila —dijo, aflojándose la corbata.

—Es Rodrigo. —Me giré—. Lleva dos días callado. Sin llamadas, sin mensajes, sin amenazas. Y lo conozco, Zayed. Ese silencio no es bueno. Está preparando algo. Lo presiento. Algo peor que todo lo anterior.

Zayed se acercó. Y por primera vez desde que lo conocía, había una calma en su cara que no era hielo. Era certeza.

—Rodrigo ya no es un problema. —Lo dijo simple, definitivo—. Ya me encargué de él.

Parpadeé.

—¿Cómo que ya te encargaste? ¿Qué hiciste?

—Me encargué. —No se movió—. Eso es todo lo que necesitas saber.

—No, Zayed, no me vengas con eso. —Di un paso—. ¿Qué hiciste? ¿Hablaste con él? ¿Lo amenazaste? ¿Lo—?

—Mariana. —Me tomó de los hombros, suave pero firme—. Confía en mí. Por una vez en tu vida, solo esta vez, no preguntes, no pelees, no exijas explicaciones. Solo confía. Rodrigo no va a volver a molestarte. Ni a ti, ni a Valentina. Nunca más. Tienes mi palabra. —Me sostuvo la mirada—. ¿Puedes hacer eso? ¿Confiar en mí?

Y ahí, mirándolo, me di cuenta de algo que me sorprendió a mí misma.

Que sí podía. Que quería. Que después de meses de no confiar en nadie, de cargar todo sola, este hombre se había ganado, sin que yo me diera cuenta, el derecho a que le creyera.

—Está bien —dije, bajito—. Confío en ti.

—Bien. Porque tenemos otro problema que resolver. —Volvió a ser el estratega—. Uno más público. El contrato que se filtró.

Se me revolvió el estómago.

—Una revista pagó. Muchísimo, por cierto. Por una entrevista exclusiva con nosotros. —Zayed caminó hacia el clóset—. Y la vamos a dar. Porque es la única forma de apagar este incendio. Vamos a sentarnos frente a esas cámaras y vamos a convencer a medio mundo de que lo del contrato es una calumnia de un enemigo despechado. Que nuestro matrimonio es tan real como cualquiera. Que nos amamos. —Se volvió—. Ponte hermosa. En unas horas la revista va a estar aquí, en la casa. Y arregla a Valentina, que se vea preciosa. Porque también la vamos a presentar. Oficialmente. Como la nueva hija de Zayed Al Rashid.

Me quedé sin aire un segundo.

La hija de Zayed Al Rashid.

Sabía lo que era. Una jugada. Un movimiento de imagen para tapar el escándalo de la custodia, para blindar a Valentina, para mostrar una familia perfecta y feliz donde el mundo veía un fraude. Lo sabía.

Pero también sabía que era la única manera de que nos dejaran en paz. Así que asentí.

—Está bien. Nos ponemos hermosas. Damos la función.

La tarde se me fue en manos de Gabi.

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