GABI
—¡Fue un éxito! —Khalid casi rebotaba en su silla cuando entré a su oficina—. La segunda cita, Gabi. Un éxito rotundo. Cenamos, se rio, la acompañé a su casa. Todo perfecto.
—¡Ese es mi alumno! —Le di una palmada en el hombro, orgullosa. Y algo más que no quise mirar de frente—. ¿Y entonces por qué tienes esa cara de "pero"?
—Porque hay un pero. —Se desinfló—. Debí besarla. Era el momento. Estábamos ahí, en su puerta, mirándonos… y no me atreví. Me quedé como un poste. —Se pasó la mano por el pelo—. Necesito tu ayuda otra vez. Necesito que me enseñes a crear el momento. El momento perfecto para el beso.
Suspiré. Porque para eso estaba. Para eso era la maestra.
—Fácil. —Me senté en el borde de su escritorio—. El beso va en la despedida. Siempre. Cuando la dejes en su puerta. Un beso en la despedida deja a la otra persona con ganas de más, pensando en ti toda la noche. Es de manual.
—Bien. Despedida. Anotado. —Asintió, muy serio, como si estuviera preparando un caso—. ¿Y cómo… cómo lo hago exactamente?
—Imagínate que soy Yasmín. —Me bajé del escritorio y me planté frente a él—. Me acabas de dejar en mi puerta. Es de noche. Hay tensión. Despídete de mí. Con beso.
Khalid se puso rojo, se acercó, dudó como tres años, y me dio un besito. Un toque de labios. Rapidísimo. De esos que le das a tu tía en Navidad.
—No. —Me limpié la boca, dramática—. No, no, no. Khalid, eso no fue un beso. Eso fue un accidente. Yasmín va a pensar que se te resbaló la cara. —Negué con la cabeza—. Tienes que darle algo mejor. Algo que la haga temblar.
—Es que… —Bajó la mirada, avergonzado—. Mira, Gabi, voy a ser honesto contigo porque ya somos amigos. Mis novias anteriores fueron todas muy… conservadoras. Muy tímidas. La verdad es que nunca avancé mucho más allá de eso. De un beso de piquito. No tengo mucha… práctica.
Se me ablandó el corazón. Y algo más se me apretó, y también lo ignoré.
—Ay, Khalid. —Le tomé la cara—. Un beso de verdad es apasionado. ¿Entiendes? No es solo juntar labios. Hay que sentirlo. Hay que dejarse llevar. Y tu lengua, mi querido abogado, juega un papel importantísimo. Fundamental. Estelar.
—¿Mi… lengua? —Abrió los ojos como platos—. No. No me atrevo. No puedo. ¿Y si lo hago mal? ¿Y si es asqueroso?
—No va a ser asqueroso si lo haces bien. Y para eso estoy yo. —Respiré hondo, ignorando la vocecita en mi cabeza que me decía que esto era una pésima idea—. Otra vez. Bésame como si fueras a besar a Yasmín. Y esta vez, con ganas.
Lo intentó.
La primera vez, tímido. "Más apasionado", le dije. La segunda, un poco menos tímido, pero todavía como pidiendo permiso. "Más apasionado, Khalid, déjate llevar, no lo pienses tanto." La tercera empezó a soltarse, y le sentí el cambio, y algo en mi estómago dio un vuelco que no debía dar.
—Más —dije, con la voz un poco menos firme—. Más apasionado. Como si de verdad la quisieras. Como si no pudieras evitarlo.
Y entonces Khalid me tomó de la cintura, me atrajo hacia él, y me besó de verdad.
De verdad, de verdad.
Un beso hondo, seguro, apasionado, nada del poste tímido de hacía cinco minutos. Un beso que me subió por la espalda, que me nubló la cabeza, que me hizo olvidar por completo que se suponía que yo era la maestra y esto era una clase. Me quedé sin piso. Sin aire. Descolocada por completo, agarrada de su camisa sin darme cuenta de cuándo lo había agarrado.
Cuando se separó, yo tenía el corazón a mil y la cara ardiendo.
—¿Así? —preguntó, inocente, buscándome la aprobación—. ¿Así estuvo mejor?


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