MARIANA
Gabi entró a mi habitación con una cara rarísima, como si hubiera visto un fantasma.
—No me preguntes por qué vengo así —dijo, dejándose caer en la cama—. Vengo por tu emergencia. Cuéntame. Rápido, que traigo la cabeza hecha un lío por… cosas mías.
—¿Qué cosas tuyas?
—Nada. Khalid. Un beso de práctica. No es nada. —Se abanicó con la mano, roja—. Es tu turno. Habla.
La miré un segundo, archivé ese "beso de práctica" para interrogarla después, y solté lo mío de corrido.
—Me acosté con Zayed.
Gabi pegó un grito.
—Anoche. En la suite donde nos conocimos. La recreó entera con velas y azahares. Me dijo que no actuaba, que me quería. Fue la noche más hermosa de mi vida. —Tomé aire—. Y esta mañana lo vi irse en un auto con Aaliyah, y Mansour me anunció encantado que a lo mejor no vuelve a dormir. Así que estoy feliz y quiero matar a alguien al mismo tiempo.
—Ay, Dios. —Gabi se agarró la cabeza, procesando—. Okay. Uno: ¡POR FIN! Felicidades, te lo dije mil veces. Dos: eso que sientes con lo de Aaliyah se llama celos, y son normales. Y tres, lo más importante. —Se puso seria, me tomó las manos—. No se lo digas a nadie, Mari. Que la familia siga creyendo que es un contrato. Porque el día que Mansour sepa que es de verdad, va a mover cielo y tierra para separarlos. Guárdenlo. Escóndanlo. Es su única forma de protegerlo.
—Lo sé. —Suspiré—. Créeme que lo sé.
—Bien. —Se levantó—. Ahora yo me voy a mi propio desastre. Y tú… tú deja de imaginar cosas con Aaliyah y espera a que llegue tu marido para que te explique. Como mujer fuerte que eres. No como novia insegura. ¿Estamos?
—Estamos.
Me guiñó un ojo y se fue, dejándome con el consejo dándome vueltas.
*Mujer fuerte. No novia insegura.*
Bien. Eso podía hacerlo.
*****
Zayed volvió esa noche. Después de todo, sí volvió.
Lo escuché entrar a la habitación pasada la medianoche, tratando de no hacer ruido. Yo estaba despierta, sentada en el sillón, esperándolo. Con la luz encendida. Con los brazos cruzados. Y con toda la calma helada que pude reunir.
—Estás despierta. —Se detuvo en la puerta, sorprendido—. Pensé que ya—
—Te fuiste con Aaliyah. —No fue una pregunta—. Toda la mañana. Sin decirme una palabra. Después de lo de anoche. —Me levanté—. Así que antes de que te acomodes en esa cama, necesito que me expliques dos cosas, Zayed. Y las dos me las vas a contestar de frente. —Levanté un dedo—. Uno: qué hacías con Aaliyah. Y dos —levanté el otro—: qué somos tú y yo ahora, después de anoche. Porque yo no me entrego a un hombre para que a la mañana siguiente se largue con otra y me deje aquí adivinando.
Zayed me miró un largo momento. Y entonces, para mi sorpresa, algo en su cara se suavizó. Casi sonrió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Una noche en Dubai, un año para el Jeque