MARIANA
La encontré en su habitación, doblando ropa que ya estaba doblada.
—Gabi.
—Hola. —Ni levantó la vista—. ¿Viste qué bonita la novia de Khalid?. Muy calladita. Van a ser muy felices.
—Gabi.
—Y la carita de él, ¿la viste? Como un niño con juguete nuevo. Después de todo, mi método funciona. Debería cobrar por esto, me haría…
—Gabriela. —Le quité la blusa de las manos y la obligué a mirarme—. Estás enamorada de Khalid.
Se quedó quieta. Muy quieta. Con las manos vacías y la mandíbula apretada.
Y después soltó todo el aire de golpe, como un globo que se desinfla, y se sentó en la cama.
—Sí. —Se pasó las manos por la cara—. Sí, Mari. Estoy enamorada de Khalid. Ya está. Ya lo dije.
—Ay, amiga. —Me senté a su lado.
—Y no me mires así, con esa cara de lástima, porque yo me lo busqué solita. —Soltó una risa amarga—. Yo fui la tonta. Yo, que me creo tan lista, tan experta en hombres, tan la que aconseja a todo el mundo. Yo sabía perfectamente desde el primer día que ese hombre estaba enamorado de Yasmín. Me lo dijo él mismo. Con esas palabras. Y aun así me metí, lo arreglé, lo entrené, lo hice guapo, lo hice seguro, le enseñé hasta a besar. —Negó con la cabeza—. Le construí el hombre perfecto a otra mujer. Con mis propias manos. Y de paso me enamoré del muy tonto en el proceso.
—Gabi, si le dijeras…
—No. —Me cortó, tajante—. Ni se te ocurra. ¿Decirle qué? ¿"Oye, Khalid, felicidades por tu novia, por cierto estoy enamorada de ti"? —Se levantó—. Sería egoísta. Sería cruel. Él es feliz, Mari. ¿Viste su cara? Nunca lo había visto así. ¿Y yo voy a llegar a arruinarle eso por un capricho mío?
—No es un capricho.
—Es lo que es. —Se encogió de hombros, y volvió a doblar la ropa que ya estaba doblada—. Se me va a pasar. Ya se me pasará. Estas cosas se pasan, ¿no? Un mes, dos, y ya. Vuelvo a México, vuelvo a mi vida, y esto se queda aquí como se quedan todas las tonterías de vacaciones. —Me sonrió con esa sonrisa suya, la de las cámaras, la falsa—. Se me va a pasar, Mari. Te lo prometo.
Quería dar palabras de aliento a mi amiga, pero todo lo que decía era cierto, desde un principio sabíamos que Kahlid estaba enamorado de Yasmín.
****
Salí de compras esa tarde. Pretendía llevarle unos regalos a Gabi, Valentina y Layla.
Estaba saliendo de una tienda, con las bolsas en la mano, cuando lo escuché.
—Mariana. Qué agradable sorpresa.
Se me erizó la piel antes de darme la vuelta.
Omar.
Ahí, en la acera, impecable, sonriendo como si nos hubiéramos encontrado por pura casualidad. Y yo, que ya no creía en las casualidades, supe de inmediato que no lo era.
—Omar. —Ajusté las bolsas—. Qué… inesperado.
—Deja que te ayude con eso. —Estiró la mano hacia mis bolsas.
—No, gracias. Puedo sola.

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