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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 80

MARIANA

—¿De qué estás hablando, Zayed?

Zayed se quedó callado. Y en ese silencio, en esa mandíbula tensa, en esa mirada que se apartó de la mía por primera vez en semanas, encontré toda la confirmación que necesitaba.

—Omar financió a Rodrigo. —Solté las bolsas al suelo—. Eso acabas de decir. Que le pagó para venir a quitarme a mi hija. Que filtró nuestro contrato a la prensa. —Di un paso hacia él—. ¿Desde cuándo lo sabes?

—Mariana...

—¿Desde cuándo?

—Desde hace semanas. —Lo dijo sin excusas—. Lo sospeché desde el principio. Lo confirmé el día que Rodrigo se fue. Me lo dijo él mismo. Con su nombre y apellido: Omar Hamza.

Sentí que me hervía la sangre.

—Semanas. —Solté una risa incrédula—. Semanas sabiendo quién destrozó mi vida, quién puso a mi hija en las portadas, quién me tuvo sin dormir de miedo. Y no me dijiste. Nada. Ni una palabra. —Alcé la voz—. Dormiste conmigo, me hiciste el amor, me hablaste de tu madre, y todo ese tiempo tenías guardado el nombre del hombre que me estaba destruyendo.

—Lo hice para protegerte.

—¡No necesito que me protejan de la verdad! —La rabia me subió entera—. ¡Necesito que no me traten como a una niña! ¿Sabes lo que hice hoy, Zayed? ¡Me senté a tomar café con ese hombre! ¡Me senté frente a él sin saber que era la serpiente que me mordió! ¡Me sonrió, me coqueteó, me tocó casi la mano, y yo no tenía ni idea de que estaba frente al monstruo! —Me temblaba todo—. ¡Si me hubieras dicho la verdad, le habría escupido en la cara!

—¡Por eso mismo no te lo dije! —Zayed explotó también, y su voz retumbó en el vestíbulo—. ¡Porque te conozco! ¡Habrías ido tú sola a enfrentarlo! ¡Y ese hombre no es Rodrigo, Mariana! ¡Rodrigo es un gusano codicioso! ¡Omar es otra cosa! ¡Es un hombre peligroso, obsesionado, capaz de cualquier cosa! ¡No iba a ponerte en su camino!

—¡No te toca a ti decidir a qué me enfrento y a qué no!

—¡Sí me toca! ¡Porque si te pasa algo a ti, yo—!

Se detuvo en seco. Con la frase colgando en el aire. Con el pecho subiendo y bajando.

Y los dos nos quedamos ahí, respirando fuerte, mirándonos con esa furia que ya no sabía si era furia o era otra cosa.

—Vaya, vaya.

La voz cayó desde las escaleras como un cubo de hielo.

Mansour.

Estaba en el descanso, apoyado en su bastón, mirándonos desde arriba. Y no supe cuánto tiempo llevaba ahí. No supe cuánto había oído.

Nos quedamos congelados los dos.

—Qué escena. —Bajó dos escalones, despacio, saboreando cada palabra—. Gritos en el vestíbulo. Reproches. "No me dijiste la verdad." "Lo hice para protegerte." —Ladeó la cabeza—. ¿Saben a qué me suena esto?

Ninguno de los dos respiró.

Capítulo 80: Demasiado real 1

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