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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 91

ZAYED

Entré a mi propia casa esperando encontrar a mi esposa y a la niña, y me encontré con una tormenta.

Había una mujer de pie en medio del salón, con Valentina en brazos y una mirada que me atravesó como un cuchillo en cuanto crucé el umbral. No la conocía. Pero no hacía falta ser adivino: tenía los mismos ojos de Mariana, el mismo mentón terco, la misma manera de plantarse en el suelo como si fuera dueña de él. Y me miraba con un odio tan puro, tan personal, que por un segundo repasé mentalmente qué le había hecho yo a esa señora.

Mariana se separó del grupo y vino hacia mí, pálida, con esa cara de "por favor no se caiga el mundo ahora" que le conozco demasiado bien.

—Zayed. —Tragó saliva—. Te presento a mi madre. Doña Carmen. —Se volvió hacia ella, suplicante—. Ma… él es Zayed. Mi esposo.

El salón entero contuvo la respiración.

Mi suegra me midió de arriba abajo, muy despacio. Y por un momento pensé que me iba a escupir a los pies.

Pero era la madre de Mariana. Y las mujeres de esa familia, por más furia que traigan encendida, no pierden la compostura del todo.

Me tendió la mano. Rígida. A regañadientes. Como si le costara un dedo hacerlo.

—Señora. —Se la estreché con las dos mías, con toda la calidez que pude reunir, e incliné la cabeza con verdadero respeto—. No sabe el gusto que me da conocerla por fin. La madre de Mariana es alguien a quien llevo tiempo queriendo agradecer. Bienvenida a su casa.

—Esta no es mi casa. —Me soltó la mano como si quemara—. Ni la de mi hija. Y no venga usted con dulzuras, jovencito, que a mí no me compra con modales.

—No pretendo comprarla. —Le sostuve la mirada, tranquilo—. Solo darle la bienvenida.

—Un escándalo. —La voz de mi padre bajó por las escaleras como el filo de un cuchillo—. Gritos, reclamos, gente de fuera montando espectáculos en el salón principal. —Mansour se detuvo a mitad de la escalera, blanco de ira contenida, y me clavó los ojos—. Esto es lo que pasa, Zayed, cuando se abren las puertas de esta casa a quien no corresponde. Espero que lo resuelvas. Rápido.

Y sin dignarse mirar a mi suegra de nuevo, dio media vuelta y volvió a subir.

Vi a mi suegra abrir la boca para contestarle algo que, conociendo ya de dónde salió Mariana, seguro habría sido memorable.

—Ma. —Mariana la agarró del brazo a tiempo—. No. Déjalo. Por favor. —Se volvió hacia mí, agotada—. Zayen, mi madre necesita una habitación. Se va a quedar unos días. ¿Puedes—?

—Yo no me quedo en esta casa. —Mi suegra levantó la barbilla—. Me quedo en un hotel. Yo no le debo nada a esta gente y no pienso dormir bajo el techo de ese viejo malencarado.

—Mama no seas necia, ¿a qué hotel vas a ir sola en un país que no conoces—?

—Necia me dices a mí. —Bufó—. Mira quién habla.

Y ahí, en medio del desastre, no pude evitarlo. Se me escapó media sonrisa.

—Ahora entiendo. —Las dos me miraron—. De dónde sacó Mariana esa terquedad. Es de familia. Genética pura.

Silencio absoluto. Ni una risa. Mi suegra me miraba como si le hubiera hablado en otro idioma, y Mariana con cara de "no es el momento, Zayed".

Bien. Nadie estaba para bromas. Cambié de estrategia.

Capítulo 91: La suegra 1

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