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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 92

MARIANA

No dormí en toda la noche.

Me pasé las horas ensayando lo que le iba a decir a mi madre. Armando frases, tirándolas, armando otras. Como si existiera alguna manera de acomodar las palabras "me casé con un desconocido por un contrato para salvar mi empresa" y que sonaran bien.

A las seis de la mañana me rendí, me puse una bata y bajé a la cocina.

Y ahí estaba ella. Sentada a la mesa, con un café que se había servido sola, mirando por el ventanal hacia el jardín de los naranjos.

Mi madre siempre fue la primera en despertarse. En cualquier casa. En cualquier país. En cualquier tragedia.

—Buenos días, ma.

—Buenos días. —Ni me miró—. Bonita casa. Bonito jardín. Bonitos naranjos. —Le dio un sorbo al café—. Bonito todo. Lástima que esté construido sobre mentiras.

Me senté frente a ella. Me serví café con las manos temblando.

Y respiré.

—Te voy a explicar. Todo. Desde el principio. —Levanté la vista—. Pero necesito que me escuches hasta el final sin gritar. Por favor.

Mi madre dejó la taza en la mesa. Cruzó las manos.

—Habla.

Y hablé.

Le conté: de cómo Gabi y yo nos jugamos todo viniendo a Dubái. De la boda que se canceló a horas de celebrarse y de cómo eso nos dejó arruinadas, con la reputación destrozada y sin manera de volver a levantarnos.

Y ahí llegué al filo del precipicio.

Y entonces el novio de esa boda, el hombre con el que había pasado una noche sin saber quién era, me puso enfrente un contrato de matrimonio de un año para salvar su honor y de paso mi empresa, y yo firmé porque no tenía otra salida.

Eso era la verdad.

Y no la dije.

Porque mientras la tenía en la boca, vi la cara de mi madre. La vi mirándome con ese dolor viejo de cuando Rodrigo nos dejó, con ese miedo de madre que ya vio a su hija rota una vez y no lo soporta dos. Y supe, con una certeza absoluta, lo que iba a pasar si le decía la verdad completa: mi madre iba a agarrar a Valentina, iba a agarrarme a mí, y no iba a parar de pelear hasta sacarnos de esta casa. Aunque tuviera que arrastrarnos.

Y yo no me puedo ir. Todavía no. No con el contrato corriendo.

Así que hice lo que llevo cinco meses haciendo.

Mentí. Otra vez. Con la mejor de mis intenciones y el más cobarde de mis corazones.

Capítulo 92: La verdad a medias 1

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