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Una noche en Dubai, un año para el Jeque romance Capítulo 97

LAYLA

—Cuidado con la caja, por favor. Esas copas son de mi madre.

—Sí, señorita.

Karim acomodó la caja en la cajuela con más cuidado del que yo habría tenido, y me abrió la puerta trasera. Yo subí sin mirarlo, como se sube uno al auto de siempre, y él arrancó hacia el siguiente mercado de la lista.

Me faltaban las flores, los manteles, las velas y una salsa de cierta marca que solo venden en un lugar imposible al otro lado de la ciudad. Mi hermano se va a comprometer y yo pienso hacer de esa noche la más bonita de su vida, aunque tenga que cruzar Dubái tres veces.

—¿Puedo preguntarle algo, señorita?

Levanté la vista. Karim me miraba por el retrovisor.

—Puede.

—¿Toda esta producción es para una cena de dos personas?

—Es una propuesta de matrimonio. —Volví a mis listas—. Se hace una vez en la vida.

—Ah. —Sonrió—. Entonces sí vale la pena cruzar la ciudad tres veces.

Y siguió manejando.

Ese es el problema con este hombre. Que habla. El chofer de una casa como la mía no habla si no le preguntan, no opina, no sonríe por el retrovisor.

Karim habla. Y lo peor es que dice cosas interesantes.

En el tercer mercado se me ocurrió bajarme a escoger yo misma las flores.

Estaba comparando dos ramos cuando Karim, cargando las bolsas, comentó como quien no dice nada:

—Ese puesto de allá tiene mejores azahares. Y son la mitad de precio.

—Ese puesto está en el callejón.

—Sí.

—No puedo entrar a un callejón.

—¿Por qué no?

Lo miré, sinceramente sorprendida de tener que explicarlo.

—Porque soy la hija de Mansour Al Rashid. Porque si alguien me ve entrando a un callejón del mercado, mañana hay una fotografía y pasado mañana hay un comentario, y mi padre… —Me interrumpí—. Simplemente no puedo.

Karim asintió despacio

—Con permiso, señorita, pero llevo pocas semanas manejando para usted. —Se acomodó las bolsas—. Y en esas semanas no le he visto romper ni una sola regla. Ni una. Cruza en el paso de peatones aunque no venga nadie. No come de pie. No sale sin avisar. No entra a un callejón por unas flores más bonitas. —Ladeó la cabeza—. ¿Nunca ha tenido ganas de romper una? Una chiquita. Solo por ver qué se siente.

Se me subió la sangre a la cara. De vergüenza, creo.

—Tú eres el chofer.

Karim se quedó muy quieto.

—Eres el chofer de esta casa —repetí, con la voz más fría de lo que quería—. No te corresponde decirme cómo debo comportarme, ni qué reglas debo romper, ni hacerme preguntas personales. Compra los azahares del callejón si tanto te gustan. Yo te espero en el auto.

—Tiene toda la razón. —Bajó la cabeza de inmediato—. Le pido una disculpa, señorita. Me excedí.

Y no volvió a hablar en todo el camino de regreso.

*****

La noche de la cena, todo estuvo listo a las siete.

Bueno. Casi todo.

—Gabi. —La encontré en el pasillo—. Justo te buscaba. Necesito manos. ¿Me ayudas a acomodar la terraza? Es para la cena de mi hermano.

—Claro. —Sonrió—. ¿Qué cena?

—La de esta noche. —Y se me escapó, tonta de mí, con toda la ilusión del mundo—. Khalid le va a proponer matrimonio a Yasmín.

Y vi cómo se le cayó la cara.

Capítulo 99: Romper las reglas 1

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