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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 840

Ella era inocente y espontánea, no entendía de sutilezas sociales y solo seguía su propio temperamento. Si alguien la hacía enojar, o le pegaba o le gritaba.

Claro... tenía el capital para hacerlo, porque detrás de ella no solo estaba la familia Cruz.

—Está bien. —Maritza en el fondo deseaba que su hermano y Rafaela estuvieran juntos. De hecho, lo escuchó de Fabio: él dijo que... Liberto probablemente estaba con otra mujer y que no quería a Rafaela.

«A Rafaela no le importa un tipo tan indeciso».

Así, su hermano tenía oportunidad.

Justo el pronóstico dijo que nevaría esta noche. Los libros dicen que si te confiesas bajo la nieve a la persona que te gusta, seguro te dicen que sí.

—¡Un beso! —Fabio se inclinó por iniciativa propia frente a ella, señalando con su dedo índice su mejilla, en ese rostro tan guapo que podía poner el mundo de cabeza.

Maritza se rio y le apretó la cara con la mano.

—Sigue soñando. ¡A casa! —Se dio la vuelta y salió corriendo.

Maritza entró en la villa, cerró la puerta y colgó su bufanda negra en el perchero.

—Hermano, ¿y Rafaela?

—Vete a dormir temprano. —Alonso subió las escaleras.

Maritza miró la espalda de su hermano y suspiró con tristeza. Parecía que había fracasado.

Se giró y vio a través del ventanal que Fabio aún no se había ido. Estaba parado bajo la nieve con su abrigo negro, alto y firme. Al mirar esos ojos coquetos, Maritza sintió que si lo veía mucho tiempo se pondría roja sin remedio. Se mordió el labio y desvió la mirada rápidamente. Él... parecía ser un poco más guapo que Marcelo, y no era tan desagradable...

«Rafaela no quiso estar con mi hermano... ¿será porque a Rafaela le gusta Fabio y por eso lo rechazó?».

Porque antes Rafaela había dicho que le gustaba Fabio, que le gustaba a morir, que daría la vida por él.

Rafaela pensó que Maritza no dormiría con ella hoy. Usualmente, lo primero que hacía Maritza al llegar era ir a su cuarto a calentarle la cama.

Hasta que escuchó el clic de la cerradura. Maritza entró a oscuras, se acostó junto a Rafaela y la abrazó.

—Rafaela, ya no me gusta Fabio. ¡No te pongas triste, por favor!

—¿Por qué? ¿Se pelearon?

—No. —La voz de Maritza sonaba un poco apagada, solo la abrazó más fuerte.

—Maritza, mañana me voy a casa.

—¿A casa? ¿Por qué? ¿Es por mi hermano? Si no te gusta mi hermano no importa, ¡pero quédate aquí! No quiero que te vayas.

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