Entrar Via

Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 841

Durante este mes, Maritza ya se había acostumbrado a que Rafaela estuviera en Casa Delicias del Sol. Cada vez que volvía, lo primero que hacía Maritza era pegársele como chicle, queriendo platicar con ella.

—No puedo dejar a papá solo en la casa. Si me extrañas y tienes tiempo, puedes ir a buscarme, o… cuando yo tenga un chance, vengo a verte.

—Está bien. —Maritza, sin querer soltarla, abrazó a Rafaela con más fuerza.

Cuando los primeros rayos del sol iluminaron la nieve, el suelo ya estaba cubierto por una capa blanca y espesa.

Rafaela se levantó muy temprano. Bajó las escaleras y vio a alguien sentado en el sofá de la sala. Al bajar el último escalón, su mirada se volvió compleja, como si quisiera decir algo pero se contuviera. Aún con la distancia que los separaba, Rafaela sentía una atmósfera extraña entre los dos.

—Buenos días.

—Desayuna primero. Cuando termines, te llevo de regreso.

Rafaela no se negó.

Cuando él se levantó y se sentó a la mesa, Rafaela se sentó a su lado. Ambos, en un acuerdo silencioso, no mencionaron ni una palabra de lo que había pasado el día anterior.

—¿Y ahora qué piensas hacer?

—No sé —respondió Rafaela—, iré viendo paso a paso.

Cuando Liberto se recuperara de sus heridas, seguro regresaría con Penélope. Aunque hubiera perdido la memoria, el pasado no se borra así como así, y además estaba el Grupo Jara… era imposible que lo dejara a la deriva.

Antes de regresar, Rafaela fue al centro comercial. Ya que iba a fingir que acababa de volver del extranjero, tenía que llevar algunos regalos para que la historia fuera creíble.

Fermín iba manejando. Cuando llegaron al centro comercial, Rafaela, que había estado en silencio todo el camino, finalmente le dirigió la palabra:

—Tú… regrésate. Ya le hablé a Patricio, él va a venir a recogerme en un rato.

—Ay, Rafaela… mira que te confías demasiado.

En un enorme avión privado, decorado como si fuera una suite de hotel, Raquel acostó con cuidado a la inconsciente Rafaela en la cama. El médico privado le hizo un chequeo rápido.

—Los signos vitales de la señora están normales.

—Entendido, salgan de aquí.

Cuando se le pasara el efecto, ya estarían por llegar…

Raquel se sentó al borde de la cama, llena de culpa.

—Perdóname, Rafaela, esto no fue idea mía. Cuando despiertes… no te enojes conmigo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera