Leandro giró la cabeza lentamente.
Se llevó una mano al pecho.
Con los ojos enrojecidos y las lágrimas temblando en sus pupilas, miró de soslayo a Sofía.
Los músculos de su boca se contrajeron. Un hilo de sangre comenzó a escurrir por la comisura de sus labios, trazando un camino escarlata hasta su barbilla.
Se quedó mirando a Sofía fijamente durante un largo instante.
Forzó las comisuras y dibujó una sonrisa torcida.
—Sofía, dijiste que en tu corazón yo ya estaba muerto.
—Me estabas mintiendo, ¿verdad?
—Mira todo lo que estás haciendo, ¿acaso no es todo por mí?
—Estás celosa, no soportas ver a Isa conmigo, por eso te pones así de agresiva, tsk... ni siquiera me voy a molestar en enumerar cada cosa que has hecho.
Isabel, con el rostro bañado en lágrimas, sollozó:
—Leandro, ven, te ayudo a levantarte.
Apenas pronunció esas palabras y estiró las manos, deteniéndolas a medio camino...
¡Argh!
Leandro se inclinó bruscamente hacia adelante, estirando el cuello.
Sofía escuchó un sonido extraño, como si algo le obstruyera la garganta. Su instinto médico la hizo reaccionar y fijar la mirada en él.
De repente, Leandro escupió una bocanada de sangre.
Delante de él estaba una alfombra bordada azul zafiro, y el chorro carmesí la tiñó de inmediato de un color negruzco.
—¡Leandro...! ¡Ah...! Tú... ¿te lastimaste los órganos internos?
Isabel, presa del pánico, empezó a sacudir los brazos en el aire, agarrándose el cabello y gritando histérica.
Leandro era su pilar, su todo.
Si algo malo le pasaba, se volvería completamente loca.
Le tomó varios segundos recuperar el habla.
—¡Aaaah! ¡Voy a llamar a la policía!
—¡Sí, sí, sí, a la policía!
—Voy a llamar, voy a llamar, Leandro está herido, buaaah...
Saltaba mientras lloraba, buscando su teléfono desesperadamente.
Leandro la detuvo a tiempo.
—No armes un escándalo. Estamos en la casa de los Solis, si esto se sabe, arruinará nuestra imagen.
Isabel se quedó petrificada.
¡Tenía razón!
Si llamaba a la policía, toda la familia Solis se enteraría del altercado.
Con los labios todavía manchados de sangre, sentenció:
—¡Te prohíbo terminantemente que le hagas daño a Isa!
Estaba destrozado, pero su prioridad seguía siendo proteger a esa mujer.
Una profunda desolación invadió el corazón de Sofía, quien lo observó con tristeza infinita.
—Apenas puedes tenerte en pie, ¿y pretendes protegerla?
Leandro le sostuvo la mirada con fiereza.
—Todo este odio y resentimiento es por mi culpa. Fui yo quien te pidió el divorcio, yo te abandoné, yo te eché y yo hice que perdieras tu trabajo. ¡Fui yo, todo yo! Isa no tiene absolutamente nada que ver.
—Si tienes odio y sed de venganza, desquítate conmigo.
—¡Pero no lastimes a la inocente de Isa!
¿Inocente?
Esa sola palabra cruzó una línea sin retorno para Sofía.
Al ver cómo el pasado se le venía encima, todavía... todavía le dolía.
Habían pasado tres años. Más de mil días y noches desgastando cualquier rastro de su conexión.
Pero la obstinación de Leandro seguía intacta.
En su mente, Isabel seguía siendo la víctima inmaculada.
Lo que significaba que, hasta el día de hoy, seguía convencido de que Sofía era la culpable de todo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...