Esa misma frase que Leandro le escupió en el momento del incidente: "Jamás vas a ser perdonada", seguía igual de viva hoy. Seguía convencido de que ella les había hecho daño a todos.
Por su parte, Isabel, refugiada tras la espalda de Leandro, no cabía en sí de la felicidad, conmovida entre lágrimas y sonrisas.
Haber conseguido a un hombre así hacía que su vida estuviera completa.
Al mismo tiempo, con los ojos aún llorosos, le sonrió a Sofía con total arrogancia.
—¿Y de qué te sirve jugar a la mujer ruda?
—Puedes enloquecer todo lo que quieras, morirte de la rabia y atacar como una histérica. Nada de eso afectará la relación entre Leandro y yo. Nos amamos profundamente, caminamos juntos de la mano; mientras que tú, sigues siendo la misma asesina repudiada de la que todos se burlan.
¡Era absurdo!
Ni moliéndolo a golpes se le podía meter algo de sentido en esa cabeza dura que tenía Leandro.
Sofía tomó su maletín médico.
Leandro intervino de inmediato.
—¿A dónde crees que vas?
La alcanzó por detrás y se señaló el rostro enrojecido por las bofetadas.
—Trátame esto. Ya sabes, los trapos sucios se lavan en casa.
Sofía soltó una carcajada cargada de desdén.
—¿Y a mí qué me importa? La que no tiene que cuidar su imagen soy yo.
—Firmaste un contrato con la señora Solis, ¿no? Si incumples tus funciones, hay una cláusula de penalización por daños que seguro ya leíste.
Fue como si una mano invisible le apretara la garganta a Sofía.
Por los cientos de miles que le costaría la indemnización...
Por el dinero, tendría que tragarse el orgullo un poco más.
Si las cosas seguían su curso normal, hoy mismo la señora Solis hablaría con ella para rescindir su contrato, pidiéndole que se marchara y no volviera jamás a la casa.
Abrió su maletín, sacó un ungüento desinflamante y se lo lanzó a la cama a Isabel.
—Esto te lo mandó Iván Quintana.
Hoy, el desprecio de Leandro hacia Sofía había alcanzado un nivel completamente nuevo.
Y eso le daba a Isabel la excusa perfecta para soltarle en la cara todo su veneno.
—Muy pronto seré la imagen oficial de los productos de la Clínica Serenidad, y haré la publicidad gratis. Ya conoces mi influencia: tengo 140 millones de seguidores. Solo con subir una foto de mis uñas, la marca de cortaúñas se agotó en las tiendas. Hacer que el Doctor Quintana gane millones a manos llenas y consiga fama y prestigio, será un paseo por el parque para mí.
Quería restregarle a Sofía de lo que era capaz.
Demostrarle que había una razón de peso por la que Leandro la defendía y hundía a Sofía.
Ese "carisma personal" era un arma brutal.
Y de paso, exhibir que contaba con el favor incondicional de Iván Quintana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...