La señora Campos entró justo a tiempo para presenciar el bochornoso espectáculo.
Iván Quintana sintió que la vergüenza lo tragaba vivo.
—¡Mil disculpas! —se adelantó a hablar antes de que ella dijera algo, asumiendo toda la culpa—. ¿Podría decirme dónde compró estas joyas? Deme la dirección, por favor. Compraré un juego nuevo para reponerlo como muestra de mis disculpas.
Selina Huerta seguía tirando del brazalete, con el dorso de la mano rojo y lastimado.
En esas condiciones, entregarle la joya a Sofía era impensable.
La señora Campos clavó su mirada llena de desprecio en Iván.
—Jamás imaginé que fueras este tipo de persona. Esta será la última vez que tengamos trato alguno.
Sin añadir más, bajó la cabeza y manipuló su teléfono para enviarle la dirección de la joyería.
A Iván le temblaron los labios; reunir el valor para preguntar le costó muchísimo.
—Disculpe... ¿Qué celebración tiene la doctora Valdivia esta noche?
—El cumpleaños de sus dos hijos.
La señora Campos ni siquiera lo miró.
Lo trató con una frialdad cortante.
Su actitud no tenía nada que ver con la amabilidad de antes.
Iván, sintiéndose herido, intentó justificarse.
—Creo que hay un malentendido. Las cosas no son como parecen.
La señora Campos terminó de enviar el mensaje.
Levantó la cabeza y lo fulminó con la mirada.
—Abandonas a tu esposa y a tus hijos para venir a divertirte con la amante, ¿y todavía tienes el descaro de justificarte?
Selina, agotada y furiosa por el esfuerzo de intentar sacarse el brazalete, aprovechó la oportunidad para estallar.
—¡No diga estupideces! El doctor Quintana es soltero y yo también, nuestra relación es completamente legítima. En cambio, Sofía Valdivia, ella estuvo casada, es divorciada y esos niños son de su exmarido. ¡El doctor Quintana solo la estaba encubriendo! ¡Averigüe bien las cosas antes de abrir la boca!
Pero su aclaración no le valió el respeto de la señora Campos.
Por el contrario, recibió una risa cargada de burla.
—Con ese tono tan venenoso, con el que parece que quisieras destruirla, me queda claro que no eres una buena persona.
Volvió a posar su mirada en Iván, y sus palabras destilaron decepción.
—Mi hija mayor es compañera de Julieta. Cuando la doctora Valdivia fue a inscribirla al colegio, estaba embarazada y a punto de dar a luz. Su bondad y compasión conmovieron a todos.
»Que una tía política llegue a esos extremos por una sobrina, es algo excepcional.
»Tiempo después, mi familia necesitó atención médica y acudimos a la doctora Valdivia.

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