Después de desahogarse y contar todo aquello...
Se despojó de todas sus armaduras y expuso sus secretos más profundos.
—El verdadero padre de mis hijos, mi exesposo... es Leandro Corona.
—Y el hombre en el que confiaba, el que fingió ser el padre de los niños, se llama Iván Quintana, el dueño de la Clínica Serenidad.
Lorenzo conocía perfectamente a Leandro.
Y también conocía a su amante, Isabel Molina.
Lo que había ocurrido aquel día en la oficina principal del Grupo Lira era evidencia suficiente para que Lorenzo entendiera cómo la trataba Leandro.
Sofía sintió que Lorenzo lo comprendería sin necesidad de dar más explicaciones.
Lorenzo se orilló y detuvo el auto.
Apretó las manos contra el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos y las venas de sus brazos resaltaron bajo la camisa.
Su voz se volvió más grave y sombría.
—Me cuentas algo tan íntimo... ¿Significa que ya no me ves como un extraño?
Sofía lo miró a los ojos: —Soy honesta contigo por dos razones.
—La primera, sé que eres un buen hombre. Confío en ti y, además, sé que tienes el poder para ayudarme.
—La segunda: Leandro está respaldando ciegamente a su amante. Para que Leandro funde la Farmacéutica Isa-Iván para ella, no les basta con producir medicinas comunes; necesitan investigar y crear medicamentos especializados que sean irreemplazables. Así es como planean dominar el mercado y posicionarse en la cima de la industria.
—E Iván, mi supuesto socio, es la pieza clave de Leandro en todo esto.
—Leandro cree que las medicinas naturales que desarrollamos en la Clínica Serenidad son obra de los "avances científicos" del Doctor Quintana.
Tras decir esto, guardó silencio.
El interior del auto quedó en una calma absoluta.
Hasta que Lorenzo terminó de procesar toda la información.
Una voz un tanto ronca rompió el silencio: —¿Cómo quieres que te ayude?
Sofía fue directa: —Cúbreme las espaldas, confía en mí y préstame personal cuando lo necesite. Ayúdame a "cumplirles sus sueños" a mi exesposo y a mi querido compañero. Quiero que inviertan millones para fundar esa farmacéutica sin sospechar nada.
Lorenzo soltó una risita suave. —Y si te ayudo, ¿cómo me vas a pagar el favor?
Era la tercera vez que escuchaba esa pregunta en la noche.
Al escucharla de nuevo, Sofía recordó las ingeniosas respuestas que sus hijos le habían dado a él un rato antes.
—¿Cómo te gustaría que te pagara?
A Sofía le costaba creer lo que estaba escuchando.
Movió las piernas un poco, tratando de disimular los nervios y las mariposas en el estómago.
Supuso que había estado rodeada de tanta escoria —desde Leandro, pasando por Javier Quintero, hasta Iván— que todos esos hombres miserables le habían arrebatado por completo la fe en el género masculino.
Sentía que estaba soñando.
Le costaba creer que Lorenzo estuviera dispuesto a dar tanto por ella.
Lo pensó un segundo y volvió a repetirle lo mismo de siempre.
—Lorenzo, acordamos que primero nos enfocaríamos en los negocios, luego en el romance.
—Está bien, lo que tú digas.
Lorenzo encendió el auto de nuevo.
El auto de sus guardaespaldas era un modelo más austero y no le gustaba cómo se sentía manejarlo. Después de avanzar un poco, golpeó ligeramente el volante.
—Entonces hablemos del presente. Los abogados de la empresa médica ya están redactando el contrato. Calcularé una semana para que lo revisemos. Tu contrato de acciones se firmará la próxima semana. Estos días vas a estar ocupada con tu mudanza, ¿verdad?
—¿Tienes algún otro plan?
La señora Zafira Lira había regresado y el día anterior había mencionado que quería conocer a la Doctora Valdivia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...