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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 160

Sofía se quedó boquiabierta.

¿Una niña que ni siquiera llegaba a los tres años hablando con ese nivel de odio?

Le pareció algo inaudito.

Decidió cambiar sus planes: dejaría los platos para después, iría a comprar el resto de las cosas y regresaría cuando la escandalosa niña ya no estuviera ahí.

No tenía ganas de armar un escándalo en público peleando con una mocosa malcriada.

Sin embargo, justo cuando se dio la vuelta, escuchó un insulto a sus espaldas.

—¡Eres una resbalosa!

Se lo gritó Valentina.

Lo dijo con el mismo tonito arrogante y venenoso de Isabel Molina; parecía que el espíritu de la mujer se le había metido al cuerpo.

Sofía frenó en seco y se giró.

Ya no le importó que fuera una niña pequeña que no sabía lo que decía. Aquello era el colmo.

—¿A quién le estás diciendo eso?

Valentina soltó los platos, infló el pecho y se puso las manitas en la cintura. —¡A ti, por sinvergüenza! ¡Por andar de resbalosa con Samuel Solis!

Sofía abrió los ojos de par en par y le reclamó: —¿Así te enseñó a hablar tu tía Isabel?

—¡A ti qué te importa! —chilló Valentina, poniéndose roja del coraje—. ¡Todo es culpa tuya! Por andarle coqueteando a Samuel, hiciste que doña Mireya me regañara, hiciste que mi tía llorara, ¡y avergonzaste a mi padrino!

—¿Padrino?

Valentina levantó la barbilla con orgullo. —¡Sí, Leandro Corona! Él es mi nuevo papá, y yo soy su princesa consentida. Mírate, toda horrible. ¿Ya nos tienes envidia otra vez? ¿Nos vas a querer hacer daño con tus trampas?

Sofía dirigió la mirada hacia la niñera.

—¿De verdad cree que es normal que una niña menor de tres años tenga tanta porquería metida en la cabeza? —le preguntó directamente.

La niñera giró el rostro, frunció la boca y adoptó una actitud de desdén, dejando claro que no le importaba en lo absoluto.

Ferrer, que se acercaba empujando el carrito del súper, intervino al escuchar el alboroto.

—La actitud de la niña está muy mal. Hablar de seducción, envidia y odio a esta edad... Quien la esté educando le está torciendo los valores. Deberían prestar atención a eso.

La niñera hizo una mueca. —¡Tú no te metas!

—¡Usted...! —Ferrer apretó los dientes indignado—. ¿Todavía tiene el descaro de justificarse?

—¡Por supuesto! La niña Valentina es amada y consentida por el mismísimo señor Corona. Con su estatus y protección, ¿por qué tendríamos que rendirle cuentas a una mujerzuela abandonada como esta?

¡Era el colmo de la insolencia!

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