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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 174

—¡¿Y ahora qué te pasa?! —le gritó Isabel, con la voz tensa como la cuerda de un violín a punto de romperse.

Cristina se dio cuenta de que, por más suave que le hablara, su hija ya no iba a escuchar razones.

Pero tenía que compartirle lo que acababa de ver.

Isabel era demasiado inexperta y no tenía la agudeza mental de Leandro. Si no tenía cuidado, él podría destruirla sin que ella siquiera lo notara.

—Isa... ese maletín... era el que usaron para...

Para esconder a Sofía.

Era el mismo maletín en el que la metieron mientras estaba inconsciente para arrojarla al río y deshacerse de ella.

Ver ese objeto fue como un balde de agua fría...

Los recuerdos de aquel día inundaron la mente de Cristina, haciéndola temblar de pánico.

Pero no podía dejar que Isabel se enterara de esa parte de la historia.

Se llevó la mano al pecho, intentando calmar su corazón desbocado.

Incluso después de tantos años, recordar esos detalles la llenaba de terror.

Cuando recibió aquella puñalada, pasó más de tres meses en el hospital luchando por su vida.

El día que Leandro fue a recogerla para llevarla a casa, notó que tenía los ojos hundidos, la mirada opaca y vacía.

Cuando él la tomó en brazos para subir las escaleras, ella se aferró a su cuello.

Y al estar tan cerca, descubrió con horror... que a su hijo le habían salido canas.

Al día siguiente, se enteró de que Leandro había salido de viaje.

Regresó semanas después, en una tarde lluviosa de otoño.

Desde la ventana del segundo piso, Cristina lo vio llegar. Caminaba bajo la lluvia, abrazando un viejo maletín contra su pecho, con los hombros encorvados y luciendo tan frágil que parecía a punto de desvanecerse en la tormenta...

Isabel la miró con furia.

—¿Ahora qué nueva teoría de conspiración te inventaste?

Cristina, aún atrapada en el pasado, habló con voz temblorosa:

—Lo que quiero decirte es que si Leandro mandó buscar este maletín en el río y lo puso en su altar, tal vez estuvo investigando cómo 'murió' Sofía. O peor aún, tal vez lleva años planeando su venganza, esperando el momento perfecto para atacar.

Un sudor frío le recorrió la espalda.

Isabel la miró como si estuviera viendo a una loca recién escapada del manicomio.

Con repulsión, impaciencia y desprecio absoluto.

—¡Entonces destruye el maldito maletín y ya! A ver qué hace Leandro —escupió Isabel entre dientes.

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