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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 185

La muchachita apretaba un billete de 200 pesos en la mano.

Pero las fajas posparto económicas de la tienda se habían agotado. Solo quedaban las de marca, que costaban 299 pesos.

Ofelia estaba al borde del llanto, rogándole a la empleada que le diera la faja, asegurándole que la operación de su cuñada estaba por terminar y que luego le traería los 99 pesos que faltaban.

La vendedora, harta y molesta, le gritó que el día anterior otra persona le había hecho el mismo cuento de que era una "emergencia" y que le pagaría luego, solo para robarle.

Las dos chicas discutían a gritos.

Sofía entró a la tienda y, sin decir una palabra, pagó la diferencia.

Ofelia le dio las gracias mil veces.

Aprovechando la situación, Sofía siguió a Ofelia de regreso al hospital, hasta la zona de quirófanos en el piso 18 del área de maternidad.

Quería investigar discretamente.

Cuando Sofía vivía con los Corona, Ofelia era solo una niña de diez años, flaquita y sin malicia. De vez en cuando, Alberto la llevaba a la mansión, pero era tan tímida que siempre andaba agarrada del borde de su suéter, mirándolo todo con ojos inocentes.

Tres años después, al verla de nuevo, Ofelia seguía teniendo la misma mirada pura. Evidentemente, no sabía nada de los crímenes de su padre.

Sofía observó con detenimiento. Afuera del quirófano no estaba Alberto, ni tampoco su hijo.

Solo estaban Ofelia y su madre esperando.

La madre de Ofelia tenía la misma actitud ingenua; parecía que ninguna de las dos entendía la maldad del mundo.

Madre e hija estaban sentadas, exhaustas.

Cuando ya no pudieron más, se recargaron contra la pared y se quedaron dormidas, abrazadas la una a la otra.

A las cuatro de la madrugada, sacaron a la cuñada del quirófano y la enfermera llamó a gritos a los familiares.

Ofelia y su madre se despertaron sobresaltadas, se frotaron los ojos y siguieron a los camilleros.

La paciente fue trasladada a una habitación en el piso 11.

Solo entonces, Sofía decidió irse.

También estaba agotada.

Mañana sacaría tiempo para seguir investigando. Con una cesárea, mínimo estarían hospitalizadas tres días; tenía tiempo de sobra para mover sus piezas.

Tomó un taxi de regreso al hotel. Eran las cinco de la mañana.

El cielo ya empezaba a teñirse con las primeras luces del alba.

Capítulo 185 1

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