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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 192

Incluso Alberto, el mayordomo de confianza, había abandonado a la familia Corona y su paradero era un misterio.

Ofelia bajó la mirada, rozando nerviosamente el suelo con la punta del zapato.

—Mi papá... es una decepción enorme... —empezó a sollozar de nuevo.

Lágrimas de frustración brotaban sin control.

Sofía se tomó un momento para calmarla con palabras amables.

Entre hipos, Ofelia le fue contando: —Hace tres años, mi papá nos obligó a mudarnos de Rosarito para ir a vivir a Monte Prodigio. Yo estaba en un colegio excelente, y me pasó a una escuelita en Aldea Prodigio donde solo había treinta y cuatro niños, todos de familias pobres. La hija mayor de mi hermano también tuvo que dejar el kínder en la ciudad para irse a vivir al monte y jugar con lodo todos los días.

—Hasta el día de hoy, no entiendo por qué mi papá nos hizo esto.

—Ahorita estoy en segundo de secundaria, estudio en Pueblo Prodigio. La escuela es mucho mejor, pero ayer mi papá me obligó a pedir permiso para faltar a clases, dijo que por un tiempo no me iba a dejar ir.

Sofía observaba sus ojos cristalinos y llenos de lágrimas.

Al parecer, la niña creía que, como su cuñada iba a tener a su segundo bebé, su papá la quería en casa para ayudar con los quehaceres.

Ofelia suspiró con pesadez. —Hoy mi hermano llegó corriendo y exigió que dieran de alta a su esposa. Seguro que mi papá otra vez...

¿Acaso Alberto se enteró de que ella había regresado y quería huir de nuevo?

Sofía apretó los puños.

Le preguntó con cautela: —Y si tu papá los hace mudarse otra vez, ¿dónde vas a estudiar?

—Yo... —Ofelia rompió en llanto—. Lo más probable es que ya no me deje estudiar.

Se sonó la nariz, con el rostro envuelto en tristeza. —Siento que... a mi papá no le importamos en absoluto. Solo le importan... los de afuera.

¿Los de afuera?

¿Se refería a Cristina Montero? ¿O tal vez... a Isabel Molina?

A Sofía se le subió el corazón a la garganta.

Justo cuando iba a indagar un poco más, se escuchó el grito agudo de Adelaida llamando a su hija.

—¡Ofelia! ¡Ofelia!

Ofelia se apartó de un salto y subió las escaleras corriendo. —¡Ya voy!

Sofía subió detrás de ella a paso lento, logrando solo ver la espalda de madre e hija.

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