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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 194

Con sus dedos largos, jaló y aflojó el nudo de su corbata, tomó una botella de licor recién abierta que estaba en la mesa, e inclinó la cabeza hacia atrás.

Glug, glug, glug...

Como si fuera agua fresca, se empinó la botella sin detenerse a tomar aire.

Benito se apresuró a arrebatarle la botella. —¡Ya no tomes más! Esta noche tienes deberes como marido.

Si caía inconsciente de borracho, ¿cómo iban a resolver eso?

La noche de bodas o de compromiso era la fantasía de cualquier hombre.

Se suponía que debía ser un momento espectacular.

Leandro tenía la mirada perdida, como si su mente estuviera varada en otro siglo, y continuó bebiendo con movimientos robóticos y fríos.

Se acabó una botella.

Luego, fue por otra...

—¡Dios mío! ¿Cuánto tomó? —Isabel, que venía de regreso de bailar, se quedó helada al ver a Leandro completamente ebrio. La sonrisa se le borró de golpe.

Benito dejó escapar una risa nerviosa. —¡Ah! Es que el Señor Corona está muy... emocionado esta noche. Te vio bailar tan hermosa, y bueno... bebió para tratar de... ¡controlar sus impulsos!

Oh, era eso.

Ella sabía perfectamente cuánto la amaba Leandro.

Pero... tampoco hacía falta que la amara tan "intensamente" que terminara así.

Total, ya estaban prácticamente casados, podían hacer lo que quisieran, ¿no?

Tener que empaparse en alcohol para controlarse solo le haría daño a su salud.

Con expresión de lástima, Isabel le ordenó al personal cercano: —Lleven al Señor Corona a su habitación, por favor.

—Sí, señora. —Dos guardaespaldas con porte de modelos de revista se acercaron y, junto con Benito, ayudaron a levantar a Leandro.

Isabel levantó su pesado vestido y, trotando en sus enormes tacones, los siguió de cerca.

El hotel de la familia Corona había preparado una suite nupcial digna de la realeza.

La cama matrimonial era inmensa. Los guardaespaldas recostaron a Leandro con cuidado.

Isabel, aún con su vestido de gala, adoptó una actitud sumamente devota: preparó una palangana con agua tibia, se arrodilló junto a la cama y comenzó a limpiarle las manos con delicadeza.

Mientras le secaba el dorso de la mano con la toalla, susurró su nombre: —Leandro...

—¿Mm...?

¡La había escuchado!

Isabel sintió un salto de sorpresa y de inmensa alegría.

Capítulo 194 1

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