Ayudarla... ¿a qué se refería con ayudarla?
Javier se llevó la mano a la frente, avergonzado, cubriendo parte de su atractivo rostro mientras procesaba lo que acababa de escuchar.
¿Cómo se suponía que iba a ayudarla con algo así?
No podía ir a bajarle los pantalones a Leandro a la fuerza y obligarlo a acostarse con ella para dejarla embarazada.
¡Qué situación tan comprometedora!
Disimuladamente, le echó un vistazo a Isabel.
De repente, sus pupilas se dilataron al máximo.
¿Estaba llorando?
Ahí estaba ella, con los ojos anegados en lágrimas, los labios apretados y una expresión tan frágil y desamparada que partía el corazón.
Esto...
El instinto protector que Javier llevaba en la sangre se encendió como pólvora.
¡Le dolía verla así!
Ya era suficientemente triste que hubiera sido ignorada en su noche de compromiso. Si además le daba la espalda, la dejaría completamente sola y desprotegida.
Javier tragó saliva, nervioso, buscando las palabras adecuadas.
En ese momento, Isabel se lo confesó con voz muy dulce: —Quiero hacerme la fecundación in vitro.
—¿Qué? —Javier dio un respingo en su asiento.
¿Por qué elegiría un camino tan drástico?
Ese tratamiento era agotador y doloroso.
Como joven empresario que había intentado lanzar su propia compañía de suplementos (solo para descubrir que el mundo de los negocios era mucho más rudo de lo que imaginaba), había aprendido bastante sobre temas médicos para no darle la razón a su padre, quien siempre lo llamaba "inútil". Sabía perfectamente cómo era el proceso de fecundación in vitro.
Había leído sobre el tema, conocía los detalles y no era algo que quisiera que ella viviera.
Era un calvario innecesario para cualquier mujer.
Si Isabel se sometía a eso, acabaría llena de inyecciones y tendrían que examinarla con aparatos médicos fríos e incómodos. Solo de imaginarlo, le hervía la sangre.
—No, de ninguna manera —respondió Javier, después de meditarlo un instante.
—¿No vas a ayudarme?
Él volteó a mirarla, y se encontró con su rostro empapado en lágrimas, bella y triste como una flor bajo la lluvia.
Toda su firmeza se desmoronó en un segundo.
La resolución que tenía un instante antes desapareció sin dejar rastro.
Se apresuró a consolarla, lleno de angustia: —No llores, por favor, ya no llores...
Agarró la caja de pañuelos que estaba en la mesa, sacó varios y se levantó ligeramente para alcanzárselos.
Isabel hizo un ligero puchero. —¿Me vas a ayudar o no?
—Si dejas de llorar y me regalas una sonrisa, te juro que te ayudo en lo que sea.
Javier sabía que la resaca que cargaba Leandro debía ser monumental.
Por ello, eligió un desayuno ideal para aliviar el dolor de cabeza y asentar el estómago, sirviéndolo en la mesa con suma dedicación.
—Oye, Leandro. Unos socios míos del Hospital Internacional Prestigio me regalaron unos pases para chequeos médicos completos. Te voy a dar uno. Vamos los dos a revisarnos.
Leandro, tomando un sorbo de sopa, respondió tajante: —No es necesario.
¡No, claro que era necesario!
Isa lo necesitaba, así que él tenía que ir, a como diera lugar.
¡A cualquier precio! Tenía que resolverle este problema a Isabel.
Javier escrutó la cabeza de Leandro. —Hermano, estuviste rapándote a coco durante tres años como promesa de luto, se supone que el cabello sale más grueso y fuerte... pero ahora que te lo estás dejando crecer, te veo... no sé, como que se te está cayendo.
—Debes estar quedándote ciego —replicó Leandro, sin levantar la vista de su plato, cerrándole la puerta en las narices.
Tal como lo imaginaba, era más terco que una mula.
No iba a ser fácil.
Pero al recordar el rostro empapado en lágrimas de Isabel, sintió una punzada en el pecho.
Eso le dio un nuevo empujón de valentía.
Por ella, estaba dispuesto a tirarse al ruedo de nuevo.
—Vamos, Leandro, acompáñame —insistió, adoptando un tono persuasivo—. Ayer le comenté a Isa sobre esto y le pareció una idea excelente. Ella misma me rogó que te llevara a revisarte. Sabes que tomas demasiado. El Hospital Internacional Prestigio tiene el equipo más moderno del mundo para revisar el estómago. Es sin dolor, no invasivo, sin anestesia. Todo es súper cómodo y rápido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...