—Le pido que deje de acosarme, señor. Me está confundiendo con otra persona —respondió Sofía con tono gélido.
Leandro jaló de su brazo con fuerza, obligándola a darse la vuelta.
Viendo que estaba a punto de estrellarse contra el pecho de él, Sofía levantó la pierna y le soltó una patada.
El golpe dio justo en la parte trasera de la rodilla de Leandro. Su larga pierna cedió y cayó arrodillado.
Al instante, Leandro esbozó una sonrisa descarada y perversa.
—¡Estás loco! —le espetó Sofía, sorprendida.
En sus recuerdos, Leandro jamás habría actuado así.
Pero él no pareció inmutarse. Su sonrisa se volvió aún más demente, como si su locura ya no tuviera cura.
—No solo estoy loco, también soy un canalla.
—Y además de canalla, resulta que también... robo.
¡Zas!
Una sombra cruzó rápidamente frente al rostro de Sofía, y sintió un roce en la cara.
En un abrir y cerrar de ojos, el cubrebocas de ella estaba en la mano de él.
Todo ocurrió tan rápido que apenas tuvo tiempo de ponerse en guardia.
Al instante, Leandro la soltó y soltó una risa burlona: —No te equivoques, solo quería confirmar si mi vista seguía siendo impecable.
Sofía lo miró con total indiferencia. —Entonces aléjate de mí.
Leandro levantó una ceja, sonriendo. —Sofía, la forma en que me miras no es normal.
Sofía dio un paso atrás, negándose a darle la cara.
Él soltó una carcajada. —Me miras como si fuera un objeto inanimado. Seamos razonables, la que fingió su muerte y mintió fuiste tú. Tú fuiste la que murió, no yo. Yo estoy muy vivo.
Sofía sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, pero no dijo una sola palabra.
Leandro continuó con tono burlón: —¿Viniste a esconderte a Rosarito para que probara lo que se siente perderte para siempre? ¿Para que me arrepintiera y así pudieras tenerme a tus pies?
Sofía no aguantó más y soltó: —Tienes demasiada imaginación.
—¿Estás mintiendo por orgullo, verdad? Sé que te mueres por mí, soñabas todos los días con ser mi mujer.
—¡Leandro Corona, necesitas ayuda psiquiátrica! Me fui por una sola razón: no quiero volver a verte por el resto de mi vida.
Sofía perdió la paciencia. —¿Acaso piensan con los pies?
Pablo se alteró aún más: —¡Sigues siendo la misma de siempre! Siempre intentando robarle el hombre a Isa. Pues te informo que, en estos tres años, Leandro ha tratado a Isa como a una reina. La adora, la ama y la protege a cada segundo.
—Te sugiero que te rindas, Leandro jamás volverá a fijarse en ti.
—No hay lugar para ti entre Leandro e Isa.
No le dieron tiempo de defenderse.
Ambos agarraron a Leandro, uno de cada brazo, y se lo llevaron arrastrando de inmediato.
Los tres hombres le dieron la espalda y se dirigieron al auto.
Mientras caminaban, Javier y Pablo seguían quejándose a gritos, sin preocuparse por bajar la voz.
Javier exclamó: —¡Si se iba a morir, que se muriera lejos! ¡Que se amarrara una piedra y se tirara al río en serio! Esconderse en Rosarito es demasiado obvio. ¿Qué esperaba, que Leandro la viniera a buscar?
Pablo resopló: —¡Qué ridícula! ¿Cree que Leandro iba a llorarla durante tres años? Isa vale un millón de veces más que ella.
Javier asintió: —Pase lo que pase, no dejaremos que vuelva a lastimar a Isa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...