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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 200

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Luego, le dijo con voz melosa: —Acabas de comprometerte con Leandro. Por fin conseguiste al hombre que llevas persiguiendo durante años. Ahora, concéntrate en disfrutar este momento.

Isabel, visiblemente conmovida por esas palabras, asintió obediente.

Cristina soltó un suspiro lleno de resentimiento. —A tu hermana ya la perdimos. Su muerte me demostró que en esta vida nada está escrito. Por eso quiero que ustedes vivan al máximo. Pero también tengo una meta que no me deja dormir... ¡Voy a usar las cenizas de Sofía para honrar la tumba de Rosa!

Al decir el nombre de su hija, el odio le carcomió las entrañas; estaba que echaba chispas de la pura rabia.

Su pobre Rosa, apenas tenía treinta y seis años.

Había dejado a dos hijos pequeños, y su muerte fue atroz: el veneno le dejó el rostro desfigurado y oscurecido, en una mueca espantosa.

Aún descansaba en la helada gaveta de la morgue, esperando ser cremada...

Sofía había sido la culpable de la muerte de su hija, ¡y ella pagaría sangre con sangre!

Primero se aseguraría de ver a Sofía convertida en cenizas, y solo entonces le daría el último adiós a su hija.

En ese momento, se escucharon unos pasos firmes acercándose.

Una empleada desde la puerta anunció la llegada de Leandro.

Isabel ni siquiera tuvo tiempo de arreglarse cuando la imponente figura de Leandro ya estaba en el umbral.

—Oh, ya llegó Leandro —saludó Cristina, recomponiendo su expresión en un segundo para mostrar una sonrisa tierna y maternal.

—Sí —asintió el hombre, con rostro serio—. Hoy se comunicaron conmigo de la jefatura. Me dijeron que están investigando a la Doctora Valdivia por los cargos de homicidio y lesiones con la serpiente venenosa.

Isabel se apresuró hacia él, llena de ansiedad. —¿Y qué les dijiste?

—Ejem... —carraspeó Cristina, clavándole una mirada fulminante a Isabel.

¡Uy, cierto! Isabel se mordió el labio, dándose cuenta de su imprudencia, y dio un paso atrás de inmediato.

Manteniendo una distancia prudente, volvió a mirarlo, esta vez con una sonrisa encantadora y voz melosa: —Mi amor, ¿ya cenaste? ¿Qué se te antoja? Iré a pedir a la cocina que te preparen algo especial.

—Está bien. —Pero Leandro no le permitió irse de inmediato—. Espera un momento. Tenemos que hablar sobre el tema de Sofía.

El ambiente en la sala era increíblemente ameno; los tres parecían la familia perfecta y feliz.

De repente, Leandro habló con un tono casual, como si estuviera compartiendo un chisme más. —Por cierto, me acabo de acordar de algo. Sofía ha cambiado muchísimo. Ahora es una mujer ruin y calculadora. Ha llegado a los golpes, dice palabrotas, es experta en fingir, en armar dramas y en tenderle trampas a la gente.

Eso, tanto Isabel como Cristina lo habían atestiguado en carne propia.

Era una gran verdad.

Con expresión de auténtica preocupación, Leandro le advirtió a su madre: —Por eso debes tener mucho cuidado de que no intente jugarte sucio, mamá. Durante todo este tiempo que ha estado de regreso en la ciudad, a saber qué artimañas habrá estado armando en nuestra contra a escondidas.

Isabel se tensó. —¿Y qué hacemos entonces?

Era innegable que Sofía se había vuelto mucho más astuta.

Si ella hubiera conseguido alguna prueba incriminatoria y la tuviera oculta en algún lugar fuera de su alcance...

El rostro de Cristina se ensombreció levemente, pero mantuvo la compostura. —Tranquilos. Mandaré a un abogado para que le saque toda la información que necesitamos.

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