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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 37

Jimena se había cansado de llorar.

Se frotó los ojos enrojecidos.

—Tía Sofía, ve a hacer el desayuno. Me estoy muriendo de hambre. Quiero cuatro hot cakes y mi licuado especial.

Sofía ya no estaba dispuesta a seguir tolerando esa actitud.

—Hoy me levanté tarde y tengo que salir. Prepárense ustedes algo de comer.

Sofía gritó hacia el piso de arriba, viendo que Celeste aún no bajaba.

Ya era hora de salir.

Al ver que sus exigencias eran rechazadas repetidamente, Jimena se puso furiosa: —¿Te vas a llevar a mis primos a pasear?

—Así es.

—Yo también quiero ir.

—No, hoy no. Tu mamá vino a visitarte, deberías quedarte y pasar tiempo con ella.

Jimena estaba a punto de armar otro berrinche para salirse con la suya.

A fin de cuentas, estar con la tía Sofía significaba recibir toda la atención, la mejor comida y los caprichos que deseara.

Si se quedaba en casa, tendría que soportar los regaños de la abuela, y su madre no haría nada para defenderla. Volvería a sufrir.

Sin embargo, Julieta la jaló del brazo y le hizo una seña con los ojos, obligándola a callarse para no insistir más.

Celeste bajó bostezando por las escaleras, y poco después, Jacobo Zárate, el niñero, también llegó.

Sofía tomó a los niños y salió de la casa, dejándolas atrás.

Sandra y sus dos hijas se quedaron solas en la sala.

Jimena estaba a punto de romper a llorar de nuevo.

Julieta sacó rápidamente un teléfono y una tableta de su bolso.

Le dio el teléfono para que chateara con la tía Selina, mientras ella abría un videojuego. Como por arte de magia, las lágrimas de Jimena desaparecieron.

Selina Huerta acababa de crear un grupo de WhatsApp llamado "[Apoyo para la Diosa]".

Había cuatro personas en el grupo, pero Iván no había escrito ni una palabra.

Las tres mujeres, en cambio, estaban en pleno furor, debatiendo cada detalle de los preparativos para conocer a Isabel Molina.

Jimena era muy pequeña para asistir a un evento así, pero estaba fascinada con el hecho de tener libre acceso al celular sin que la regañaran.

Mientras escribía frenéticamente en el grupo, le susurraba ideas a su hermana.

—¡Deberíamos comprarle un gran regalo a la diosa! Como ya no vamos a gastar dinero en la tía Selina, podemos usar esos mil pesos para el regalo de Isabel.

—¡Es una idea genial! —respondió Julieta con los ojos brillantes.

—Pero, Juli, tienes que acordarte de decirle hoy a Sofía que mi tío necesita el suero porque tiene la piel reseca. Faltan menos de cinco días para el cumpleaños de la tía Selina.

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